domingo, 6 de mayo de 2012

DETALLES RADIOLÓGICOS



Las pequeñeces suelen encerrar un diagnóstico encriptado de la enfermiza realidad. Sólo hay que observar su luminiscencia, es como una luciérnaga curiosa que hace nido en la nada peronista (pelo pajoso). Estaba haciendo zapping (a mí me gusta hacer un poco de jogging y un poco de zapping, así, intercaladamente -qué rica la sandía intercalada…-) y en eso me detuve un segundito mientras Ella daba su discursito diario, esta vez celebrando la promulgación de la ley que viola la ley, es decir esa ley que expropia a Repsol su parte en YPF. Resulta que Ella, en medio de su cháchara deshilachada (me río de los que la consagran como gran oradora), presentó al próximo número uno de los hidrocarburos nacionales y populares, un tal Miguel Galuccio. “Parate, parate…” le ordenó en un rapto de pseudo-generosidad, como dejándole un poquito de su spot divino. El pobre tipo se para y saluda de cabecita mientras ella lo nombra como “Galucio” con una corrección casi superponiéndose a sí misma: ‘en realidad, para decirlo correctamente, Miguel “Galuchio”…’, dijo Ella. Y ahí la luciérnaga lanzó su destello de rayo x al cosmos. En esos segundos Ella, sin siquiera sospecharlo (como buen ignorante), había dejado al desnudo el alma de esta gentuza mezquina que desea abotonarse al poder por los siglos de los siglos: en lugar de mencionar a este otario como ella cree que es correcto de entrada, lo dice mal (como para que la entendamos los que no entendemos) para de inmediato corregirse y corregirnos a todos (porque cuando dice como maestrita ciruelita pasa: “vamos a decirlo correctamente”, en verdad nos está dando una clase a nosotros -y nosotras- los incultos). Pero en esa (auto) corrección impostada (como todo es una impostura, una puesta en escena barata y berreta) desnuda su infinita ignorancia. Porque no hay peor ignorante que aquel que ignora que ignora o peor aún: no hay peor ignorante que aquel que está seguro de saberlo todo cuando en verdad ni sospecha que todo lo que cree que sabe puede estar en verdad equivocado. Porque si va a pronunciar el apellido Galuccio tal cual lo indica la fonética del idioma italiano debe decir “Galucho” y no “Galuchio”. Y esto lo sabe el que tomó dos semanas de clases de italiano, no me hago aquí yo el vivo. Simplemente trato de ver lo que me mostró la luciérnaga, casi sin querer. Ella, en su ignorancia intuitiva, quiso sacar a relucir sus dotes culturales de políglota pensando que todo el saber del idioma del Dante se resume en doble zeta “pitsa” y doble ce “che”. Y eso es esta mujer y su gobierno patético: una manga de ignorantes que piensa que el mundo está mal leído y que ellos son los que saben “cómo se dice” y han venido para hacernos el favor de re-educarnos a todos en tono imperativo, humillante y despótico. Qué basuritas.