domingo, 22 de abril de 2012

BONDIOLA XIX


Sentarse a escribir no es más que una inútil interrupción de la verdadera escritura, ese continuo esquizoide y lamentablemente insoslayable. Uno escribe escribe escribe llenando lugares que no son espacios, más bien vacíos inefables que no se llenan ni un poquito: la inmensidad en cada uno que hace eco en la infinitud. Vértigo del cuerpo que declina sumiso al misterio. Sigo escribiendo mientras habla, si le das al play, este hermoso muerto...