martes, 24 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

BONDIOLA XIX


Sentarse a escribir no es más que una inútil interrupción de la verdadera escritura, ese continuo esquizoide y lamentablemente insoslayable. Uno escribe escribe escribe llenando lugares que no son espacios, más bien vacíos inefables que no se llenan ni un poquito: la inmensidad en cada uno que hace eco en la infinitud. Vértigo del cuerpo que declina sumiso al misterio. Sigo escribiendo mientras habla, si le das al play, este hermoso muerto...




martes, 17 de abril de 2012

HOY: MILANESAS PARA ALGUNOS


Sí, tudéi martes 17 de Abril le damos una nueva oportunidad a Croxi (que las últimas dos veces, al menos a mí, me sirvió milanesas de suela de nervios): a las 21:00 en alguna mesa de la vedera, este-qué-guáu...

"Let Me Lanesa Your Pulse", amígoooooooo... Si venís y tengo tu blister de abril, avisá...

Y hablando de avisar... Hay que avisar, porque me parece que no se enteraron...

martes, 10 de abril de 2012

WE DIDN'T START THE FIRE


(Puede ser un café cualquiera para los años que corren, sus formas responden al loteo en boga por lo que suelen ser alargados hacia el fondo. Cuando toca una típica las mesas del centro del salón se colocan junto a las paredes, lo mismo que las sillas. Al tango todavía se lo baila, casi exclusivamente. Se escucha en segunda instancia. Las baldosas colocadas de modo que dibujen rombos, blancos y negros en una alternancia de psicosis. Al final del salón, en la punta más lejana a la puerta de entrada, está el palco donde los músicos, elevados por sobre los bailarines pero sometidos a sus exigencias, realizan su faena. Ejecuciones a la parrilla, sin partituras, con mucha libertad e intuición. Las ropas de los asistentes en tonos oscuros, casi exclusivamente negras. Bien temprano llega un taciturno y escuálido hombre, un tanto inquieto. Elige una mesa ya arrimada contra una de las paredes; al rato se cambia a una más cercana al palco, justo debajo de un pequeño aplique lumínico cuya lamparita dejaba caer un haz de luz cónico. Lleva este hombrecito consigo algo como una carpeta, o unos papeles. Es extraño: ningún hombre va a bailar al bar con objeto alguno que moleste a los propósitos de la salida, el sombrero y eventualmente el bastón son dejados a recaudo en el guardarropas, igual que los abrigos si el invierno arrecia. El recinto se ha colmado y la orquesta arranca con sus tangos. Nuestro amigo no se mueve de la mesa elegida mientras casi todo el mundo ya está bailando. Algunas mesas y sillas son ocupadas por los que descansan un turno o por quienes esperan a alguien. Ha apoyado sus objetos sobre la mesa mientras se lo nota como alerta ante el arranque de cada nuevo tango. De repente, al comenzar uno muy celebrado por los milongueros, saca una pluma del bolsillo interior de su saco y toma un papel de la especie de carpeta que trajo consigo. Apoya el papel sobre el rincón de la mesa donde el haz de luz llega con más fuerza y comienza a escribir…)



Siempre tuve mucha estima y respeto por las personas que desde hace décadas registran “ilegalmente” presentaciones de músicos valiéndose de algún grabador portátil. Estos adminículos han ido evolucionando con el correr del tiempo. En una primera instancia eran armatostes que rara vez registraban la música con una fidelidad demasiado alta. Estos aparatos fueron haciéndose cada vez más pequeños y eficientes. Los formatos de registro también fueron evolucionando hasta hacerse absolutamente digitales. Los micrófonos, que a veces no estaban incorporados a los aparatos y podían elegirse con mayor pretensión, fueron refinándose a extremos alguna vez impensados.

Nunca me pregunté cuándo es que esta actividad tan valiosa por su inapreciada e inapreciable y además oculta labor testimonial y de archivo había comenzado. Supuse que con la difusión de los grabadores portables. Pero no… Lejos de ello.

Si bien no se trata del primer tango compuesto ni ejecutado, se suele tomar como punto de partida de los tangos registrados a El Entrerriano, de Anselmo Rosendo Mendizábal. Este muchacho amenizaba las noches de la casa non-sancta de “La Vasca” reducto también conocido como “La Casa de Laura”, en Paraguay y Pueyrredón. El 25 de Octubre de 1897 estrenó Rosendo allí un tango ejecutado al piano. Fue recibido por los parroquianos con mucho fervor a punto tal que, a través de la sugerencia de José Guidobono -un conocido milonguero de la época-, el tango fue dedicado a un tal Ricardo Segovia, hacendado presente esa noche en la casita de amor mientras visitaba Buenos Aires por unos días. Segovia venía de Entre Ríos y estaba esa noche “tirando manteca al techo” allá en lo de Laura. A cambio de una propina de 100 pesos nacionales Rosendo bautizó a su tango El Entrerriano.

Desde entonces, o desde algunos años después y durante las cinco primeras décadas del Siglo XX (más fuertemente durante las dos primeras) se podría decir que los tangos se editaban como partituras antes de ser registrados sonoramente y vendidos como música en los viejos 78 rpm. Era el modo de venderlos: un público muy grande sabía música, al menos rudimentariamente, como para tocar esas piezas que se bailaban en las distintas ocasiones sociales en el ámbito privado. También era una vía de difusión entre los músicos de las distintas localidades: el número de orquestas existentes dando vueltas por la ciudad y por la provincia de Buenos Aires (sin contar las residentes del interior del país) era literalmente incalculable. Así, las canciones se editaban como partituras. Y los autores cobraban por la venta de esas partituras.

Un Tango para la “pegada”

“Me senté a una mesa del Café de La Paloma. Desde el palco, Tuegols me hizo un saludito con un acorde del violín, al que agregó una guiñada de entendimiento. Alguna travesura tramaba y pronto lo comprobé. La orquesta arrancó con “El Esquinazo”, de Villoldo, que tiene en su desarrollo esos golpes regulados que los bailarines de antes marcaban a taconazo limpio. El conjunto de La Paloma hacía lo mismo en el piso del palquito, con tal fuerza, que las viejas tablas dejaban caer una nube de tierra sobre la máquina de café express, la caja registradora y el patrón. Éste echaba denuestos; los de arriba seguían muy seriamente su tango; y los parroquianos del cafetín se regocijaban. Era el Tuegols de siempre…”

“Después me hizo escuchar su tango flamante. ¡Qué tangazo! El café estaba abarrotado de público que le pedía el bis insistentemente:

‘¡Zorro gris! ¡Zorro gris!’

“El tango tenía ya ese nombre. En la mesa, cambiando con él optimistas impresiones, me dijo luego que le había puesto ese título al tango porque en el hipódromo Grey Fox le había quitado el invicto a Botafogo…”

“Pensando ya en la letra con ese título forzado, se me ocurrió que podría referirla a la boa de piel tan complementaria entonces del atavío femenino. Le pareció excelente idea. Me contó que al café llegaba gente de todos lados de la ciudad para oír y bailar su tango y continuamente acudían colegas a pedirles copias manuscritas.”

“–No quería que saliera la edición de Breyer sin que vos le hicieras letra -agregó-, pero ya me ganaron de mano los falsificadores…”

Los Piratas del Ritmo

“En aquél tiempo, el pujante interés que despertaba la melodía porteña, y la deficiente ley de propiedad intelectual, hacían proliferar los falsificadores de la música impresa, con el consiguiente detrimento de la percepción de derechos de autor por ese concepto. Con “Zorro Gris” esa piratería llegó a grado sumo.”

“Hábiles y disimulados transcriptores, desde una mesa del Café de La Paloma, en tanto la orquesta del propio compositor lo ejecutaba, se adelantaron aprovechadamente con su edición clandestina a la que la casa Breyer puso en venta legalmente con el título “El Zorro Gris”, del cual posteriormente se eliminó el artículo. Por razones obvias, el desquite de Breyer estuvo en dar la primicia de los modestos versos que convertían al tango en canción:

Cuántas noches fatídicas de vicio
Tus ilusiones dulces de mujer…

“Gracias a la afortunada melodía de Tuegols tuve la suerte de entrar al mundo del tango por la puerta grande y contar con otro espaldarazo trascendental: el de Carlos Gardel…”

Este encomillado reproduce parte del primer capítulo del libro de Francisco García Jiménez “Memorias y Fantasmas de Buenos Aires”. En su continuación relata una simpática historia de la grabación que hiciera de Zorro Gris el mítico Carlos Gardel (le sugirió a García Jiménez cambiarle la letra porque "el tango es muy criollito pero la letra muy fina" pero José Razzano lo instó a que la grabara tal cual estaba ya que consideraba “que las letras finas, de esta clase, serán las que vendrán” -cosa que el tiempo le dio la razón-)

Pero el tema que nos compete es este pre-histórico modo que tenían tanto la falsificación como la piratería. Quedé impresionado de sólo pensar que había gente con conocimiento de la notación musical que se ocupaba de ir a los cafés para escribir la música que se estaba ejecutando para, de este modo, transcribir y editar sin ninguna autorización del autor las partituras de los tangos que se iban haciendo famosos a lo largo y ancho de la ciudad y que aún permanecían inéditos (tanto en partitura, que era el primer paso, como por supuesto en tanto a registro sonoro). Es fantástico. Se me ocurre que habría “pirateadores” con mayor y menor grado de conocimiento de la escritura musical y también con más y menos “oreja”. Es una analogía de la mayor y menor calidad de los grabadores y los micrófonos con que se grababan muchas décadas más tarde los conciertos de los músicos populares.

La ubicación del “pirateador” la noche de la ejecución de la música se mantenía importante en las circunstancias tan distintas entre sí: en una y otra época había que cuidarse de no ser pescado in-fraganti. La diferencia podría ser que en el caso de los transcriptores de partituras era importante no sólo estar ubicado en un lugar que se escuchara bien sino que además necesitaban estar fuera de la pista de baile y en alguna mesa o silla que estuviera no demasiado lejos de algún rayo de luz…

Imagino que esa gente que en las primeras décadas del Siglo XX se dedicaba a ese “metié” habrá anotado “ilegalmente” algún que otro tango que, por diferentes y fortuitos motivos, jamás fuera luego editado ni grabado, a pesar de la eventual y/o creciente popularidad de la que gozara. Esos tipos, más allá de sus intenciones, me resultan personajes heroicos, de una heroicidad y épica incomprendidas.

¿Tenés piratas de Arolas?




domingo, 8 de abril de 2012

"ÉEEHHHHH... GATOOOOO"


Es bravón bravón el tango… De alguna manera, por más que el movimiento musical murió (y nunca podrá resucitar en lo que alguna vez fue) se nos han pegado vicios o tics como sociedad. El apasionamiento que provocaba en la población era superior al que provoca el fútbol, además de las diferencias cualitativas: el entusiasmo por el fútbol suele tener como único sustento la imbecilidad, con el tango pasaba otra cosa.

Ahora entiendo en retrospectiva algunas discusiones de mi viejo con mi tía abuela Delia. Mi viejo la llamaba La Sorda. Luego a todos nos divertía referirnos a ella de esa manera. “¿Ahora venís a hablar bien de Gardel? ¡Si a vos nunca te gustó, si siempre dijiste que era un maricón inaguantable y no sé cuántas cosas más!” decía La Sorda en defensa propia ante algún insistente ataque verbo-musical de Cacho, mi viejo, quien se enfurecía ante la réplica de su tía, seguramente por reconocer íntimamente un pecado de juventud: los años le habían enseñado el valor del Zorzal y La Sorda, justamente La Sorda, lo dejaba en orsai ante toda la familia.

El tango era motivo de charla, discusión, encuentro y todo lo que se te ocurra. Me da risa lo que a nosotros “los rockeritos” nos han dicho (o hecho leer) hasta el cansancio de la cultura del ranking, del Top of the Pops, en la música popular inglesa… Como si eso acá no hubiese pasado antes, con mayor intensidad y con herramientas más interesantes (es decir con menos herramientas)… En este contexto, con el correr de los tiempos, las historias tangueras se han inflamado y reproducido a punto tal que la mitología lo invadió casi todo y la vocación de romanticismo sumada a la nostalgia natural de un género musical generado por inmigrantes desarraigados, han hecho que se cuenten historias sobre un mismo asunto que se contradicen entre sí. Y eso no está mal, bajo mis ojos.

"En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares y muy distintos: en el Germinal y en el Tibidabo. En el viejo café Germinal debuté con Juan Maglio Pacho. Fue una rentré que hizo él después de muchos años sin trabajar. Imagine en la calle Corrientes, angosta, los carteles anunciando a Pacho. Él no tocaba, la orquesta se la formé yo con elementos como Héctor Lagnafietta; el cantor era Antonio Maida y otros muchachos como Guisado... Se volcó todo Mataderos, la provincia, había gente hasta en la vereda de enfrente, no podían pasar los tranvías..." Troilo dixit.

El Café Germinal estaba sobre Corrientes entre Suipacha y Carlos Pellegrini. A lo largo de veinte años pasó por su palco lo más excelso de la música ciudadana: Pacho Maglio, Anselmo Aieta, Elvino Vardaro, Osvldo Pugliese, Pichuco y muchos otros. Este café funcionó hasta finales de los cuarenta.

Corría el año 1940 y Aníbal Troilo convocaba a diario a una pequeña multitud en el Germinal. Había un pibe de 19 años que no se perdía ni una sola de las actuaciones, siempre sentado a una mesa de primera fila. De tanto estar ahí se había hecho “amigo” del violinista Hugo Baralis.

Resulta que un día de esos faltó el segundo bandoneón de Pichuco ¡y el pibe se ofrece para tocar en su lugar esa noche! “Este chico no tiene cara de tocar el bandoneón” dijo Goñi desde el piano, temeroso de que la función se convirtiera en un bochorno. La orquesta estaba aceitadísima ya por entonces y no era cuestión de dilapidar prestigio así como así. Pichuco, desde su silencio, sólo dijo: “Que suba”.

El pibe subió. Tocó todo el repertorio de esa noche, no se amilanó con ninguna. Cuando llegó la hora de ejecutar “Abandono” del gran bandoneonista Pedro Maffia, hasta tiró un lujo: hizo las variaciones con la mano izquierda mientras todos los demás la hacían con la derecha. Terminó el show y Goñi, entre abatido y asombrado, se disculpó: “El pibe es un fenómeno”.

El Toto Rodríguez faltó dos días más y, cuando volvió, Pichuco sentenció: “El pibe se queda: vamos con cuatro bandoneones”. El pibe se llamaba Astor Piazzolla. Lo comenzaron a llamar “El Yoni”.

Al año siguiente la orquesta de Pichuco empieza a grabar y en el 42 El Yoni no pierde ni una de las actuaciones del conjunto que, para ese entonces, ya contaba con cinco bandoneones.

"Cuando entré con Troilo, yo trataba de imitar muchas de sus cosas... Me aprendí las trampas de los tangueros, esas trampas del intuitivo que me sirvieron más adelante. No las podría definir técnicamente, son formas de tocar, de sentir; es algo que sale de adentro, así, sin vueltas. Yo era, al principio, uno de los tantos bandoneones que tenía Troilo en su orquesta, pero quería ser el primero y llegué a serlo. El Gordo confiaba en mí." Piazzolla dixit.

En el 42, en la cresta de la ola de la orquesta de Pichuco, van a tocar a un programa de Radio El Mundo llamado Ronda de Ases. Allí, con público en vivo, varias orquestas tocaban el mismo tango (por Dios: ¡qué buena idea!) Pichuco tiene en sus manos la partitura de Azabache, que es el tango en cuestión, pero no tiene quien le escriba la instrumentación. Piazzolla se ofrece. Troilo le dice: “pero si vos no sabés hacer esto…” El Yoni hacía dos años que estudiaba con Ginastera, lo que pasa es que se lo tenía medio calladito… “Había que escribirla de un día para el otro. Utilicé los violines haciendo escalas para arriba, cosa que no era lo más común en la orquesta, me salió bárbara, ganamos el primer premio. Así y todo, a Troilo mucho no le gustó”. Es que El Pibe era un atrevido y esto comenzó a no caer demasiado bien dentro de la orquesta. El Pibe proponía cosas inusuales que se iban del libreto. “Hay muchos que vienen a escuchar…” le decía Piazzolla a Troilo. Y era cierto: alrededor del palco se agolpaba mucha gente que no bailaba, cada vez más.

De ahí en más El Pibe hizo muchísimas instrumentaciones, muy bellas e imaginativas y muy ofrecidas siempre dentro de lo que Pichuco quería del estilo. Porque Piazzolla conocía muy bien el estilo de Pichuco (se lo conocía de memoria de estar cada noche en la primera mesa del Germinal), tan es así que, cuando actuaban en el cabaret Tibidabo, durante tantos años, muchas noches Pichuco dirigía la primera vuelta de la orquesta y cuando el cabaret quedaba con los parroquianos de rutina, dirigía Piazzolla. Astor aprendió a dirigir una orquesta de tango, dirigiendo la orquesta de Aníbal Troilo, haciendo de Troilo. Casi nada.

Igual, no todo era color de rosas… Hugo Baralis (el violinista que había entablado una relación con aquél pibe que estaba todas las noches del Germinal en primera fila) era consciente de que su amigo era un bicho raro en ese ambiente... Hablaba mitad inglés, un cuarto de castellano y otro cuarto de lunfardo. Además, y para colmo, había tocado con Gardel (en la película El Día que me Quieras, 1934, mientras Piazzolla vivía en New York), pero hablaba de Bach… Cuando por algún motivo Troilo no podía tocar, a veces le pedía a Astor que asumiera el rol como primer bandoneón, cosa que no les caía muy bien a los demás bandoneonistas de la orquesta. Ocasionalmente, Astor tocaba el piano cuando Goñi estaba demasiado borracho como para presentarse.

En una ocasión, al escuchar la versión que hizo Piazzolla del tango clásico "Inspiración", con su larga introducción de violonchelo, sus compañeros le preguntaron: "Pibe, ¿estás loco o te equivocaste?", y también: "¿Te crees que estás en el Teatro Colón?". El tango fue ejecutado en un baile de carnaval en el club Boca Juniors y los bailarines se quedaron petrificados. Algunos se acercaron a la orquesta para escuchar; otros simplemente se fueron a bailar a otra parte. Un efecto semejante tuvo el arreglo de Piazzolla para "Chiqué", otro tango clásico, sólo que esta vez los bailarines lo silbaron y arrojaron objetos al escenario. En otra ocasión, señalando a la gente que se había reunido en torno a la orquesta, Astor le dijo a Troilo: "Gordo, ¿ves que la gente quiere escuchar la música?".

Estos incidentes incomodaban cada vez más a Troilo. "Gato, vos sos un demonio", le decía, y hasta llegó a apelar a Dedé: "Párelo a Astor", le suplicó, "me está convirtiendo la orquesta en una sinfónica". Pichuco había rebautizado a Piazzolla como Gato ya que andaba de un lado a otro y tenía una mirada fulminante. Troilo no era zonzo y sabía del infierno musical que El Pibe tenía adentro. Le iban a hablar de intuición a Pichuco…

Así es que las internas en la orquesta crecieron, igual que los celos y rencores. Le mojaban las partituras de Ginastera que El Gato guardaba en el estuche del bandoneón… Troilo intentaba mantenerse neutral, pero era difícil. Tenía un nombre muy grande ya dentro de la tradición tanguera, siempre tan conservadora y reaccionaria. Y El Gato era un demonio… Pichuco sabía que Piazzolla no tenía mucho más que hacer allí, sabía que sólo era cuestión de tiempo para que disparara hacia su propio universo… Y si bien jamás le dijo literalmente “andate, Pibe: ya no tenés nada más que hacer acá” (como se cuenta la salida de Piazzolla en su versión más romántica), se lo dijo de otras mil formas. Y le dio salida a él y a Baralis, arrepintiéndose y volviéndolos a llamar a las pocas semanas… No sabía cómo enfrentar la situación. ¡El quilombo que se le había armado por decir aquella noche de hacía tres años “El pibe se queda”!

Volvieron, pero a Baralis Troilo lo rajó una noche de 1943 por faltar a una presentación y “por mil cosas más”. Piazzolla se salió al año siguiente… Porque no tenía más que hacer ahí, como lo sabía Troilo que tanto amor y admiración le tenía (se tenían). El Gato era un Demonio, efectivamente. Uno inevitable.

“El Pibe se queda…”


sábado, 7 de abril de 2012

ASDRÚBAL


A mi abuela Aída, un buen día, le agarró demencia senil. Así se lo habían diagnosticado entonces aunque hoy por hoy tal vez hubieran dicho que se trataba de Alzheimer. La angustia se le disparaba a niveles siderales y en su cabeza los tiempos se habían licuado: a veces entraba mi vieja (que no era su hija sino su nuera) por el pasillo y ella, emocionada hasta las lágrimas, decía con voz temblorosa: "ah... ¡ahí viene mamá! ¡Ahí viene mamá!" Aclaro que se lo decía a sí misma, en un ensimismamiento conmovedor.

En ese entonces comenzó la abuela a no encontrar ciertas palabras y a disparar otras que no se correspondían a ninguna de las conocidas: ella las decía naturalmente como si estuviese nombrando las correctas (las que ella quería decir). Ir adivinando el nuevo diccionario de Aída era todo un juego atrapante. Yo, en esta etapa, comencé a llamarla Asdrúbal, porque la sonoridad de ese nombre se emparentaba con los vocablos que ella inventaba en su locura sin darse siqueira cuenta de semejante nivel de creatividad inconciente. Y me parece que está bien haberle cambiado su nombre, eso era una conexión profunda con mi abuela. Porque ella, antes de todo esto, cuando su cabeza manejaba la angustia existencial al punto de no sufrir desbordes (es decir que parecía cuerda como nosotros vamos pareciendo por la vida), también jugaba con las palabras. Y un ejemplo me vino a la cabeza hace un rato, como si la abuela Aída, en su papel de Asdrúbal, acabara de llamarme: "¡Gremáaal... Gremáaaal!"

Estaba yo todavía en mi etapa del rock nacional tras unos años del comienzo gracias a la influencia de mi prima Gabi y era yo fanático de Spinetta y también de Serú Girán (¿se escribía así con tildes?). Muchas veces me hallaba a mí mismo ensimismado con el radiograbador que reproducía un cassette (en un ensimismamiento análogo al de Asdrúbal confundiendo a mi vieja con la suya cuando ella niña llegando a casa a través del pasillo) y no respondía a sus llamados. Un día de esos (mientras escuchaba Serú Girán), en el enésimo intento de capturar mi atención, Aída optó por cambiar mi nombre por esta voz de alerta: "Eh... ¡Serán Gilún! ¿No me oís?" Brillante. A la altura de El Flequillo de Balá 1964.

¡Asdrúbal vieja nomás!



viernes, 6 de abril de 2012

WHEN POLÉMICA WAS ON


Mañana sábado 7 de Abril hay Polémica en Sálvame María (Juramento 1905 segundo patio, preguntar por Tito) a las 18:00

When Polémica Was On, una mirada antiperonista de la nostalgia al pedo. No te la pierdas: clarifica el pensamiento y arrolla la sed.

Avisá así no falta tu blíster.


jueves, 5 de abril de 2012

SUR


"...Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentan Pompeya y Puente Alsina, con sus portones y sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Betinotti el pequeño muchacho zapatero que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas. Y por San Juan, ganando río, el San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo.

“Y a los cuatro rumbos, casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrios y de latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentines que estaban fundando, sin saberlo, al hijo Nuevo de la patria vieja. Y tal vez, este mismo cielo, esta misma mañana y las estrellas de siempre y el mismo calor de barrio y un amor parecido entre sus gentes sencillas.

“Boedo era algo así como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar el alma hasta el Riachuelo…”
Así me hablaba un día de 1947 Homero Manzi, talentoso amigo y camarada. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaría Sur, y en esas palabras le subía la genesis desde el corazón.

No era un hijo de Buenos Aires el que con tal fervor me hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi (que hizo este apócope de su verdadero apellido Manzione) había nacido en 1907 en Añatuya, provincial de Santiago del Estero. Pero a la vida del espíritu en vuelo, de la emoción íntima, del numen poético, nació varios años después en Buenos Aires, muchacho sensitive avecindado al barrio de Nueva Pompeya y educado en las aulas del siempre bien recordado colegio de los Luppi. Seguidor adolescente de don José González Castillo, prohombre de la barriada. Manzi afirmó la vocación literaria en su cenáculo y un día, ya professor normal, abandon por ella la cátedra, como abandonaría después la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la Facultad por pertenecer a los rebeldes “estudiantes de alpargatas” que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer distingos con otro tipo de calzado que gobernaba “de facto” el país.

A fines de 1947, Homero Manzi y Aníbal Troilo (dos “gordos” de físico, con lirismo etéreo) daban los retoques finales a su tango Sur. Letrista y músico se comprendían en la recíproca palpitación del cariño y el arte. Su anterior composición -Barrio de Tango- lo demostraba.

Ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte. Sus camaradas más cercanos también lo sospechábamos. En una tarde triste del mes de Julio de ese año, cuando sepultábamos en la Chacarita al Negro “Cele”, el de Mano a Mano, que nos tocó despedir a Manzi y a mí con sendas oraciones en nombre de amigos y colegas de la canción popular, él me confió allí mismo, en un aparte, que había dicho su discurso sobreponiéndose angustiosamente a un repentino y terrible dolor interno, que venía a unirse a otros anteriores síntomas desagradables.

Ilusorio retorno… y adiós verdadero.


Era el anuncio del mal que no perdona. Nuestras sospechas tuvieron desgraciado aserto. Simulábamos ante él un franco optimismo en su recuperación, pero, ¿cómo podia engañarse él, con su carne dolorida sumisa al tremendo arsenal medico que lo rodeaba? En ese estado de ánimo escribió Sur. Añorando la lozana mocedad en su barriada de adopción. Partiendo de:

San Juan y Boedo antiguo(*), y todo el cielo
Pompeya, y más allá la inundación


Caminando en un sueño de retorno, hacia el arrabal que amó:

Sur
Paredón, y después…
Sur
Una luz de almacén…


Despidiéndose del tiempo florido del idilio:

Ya nunca alumbraré con las estrellas
Nuestra marcha sin qerellas
Por las noches de Pompeya…


Más aún. Despidiéndose de la vida, definitivamente…

Las calles y las lunas suburbanas
Y mi amor y tu ventana
Todo ha muerto, ya lo sé


En los días del Carnaval de 1948 visité a Manzi en el sanatorio donde acababa de ser operado. Le hablé del estreno afortunado de su tango. Él, hundido en el lecho, me sonreía agradecido entre las hebras de su barba, y sus ojos me decían que le gustaba más volver a la vida empujado por el halago de esas coplas de Sur que por el filoso expediente del cirujano. Salió mucho después de aquel sanatorio, cargando la sentencia ineluctable. Vivió tres años más, dos de ellos cayendo y levantándose, hasta el último resto de su dinamismo heroico; postrado el ultimo. No había cumplido cuarenta y cuatro de edad cuando la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento.
Para revancha de su manes, diré que no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido.

(Del libro “Así Nacieron los Tangos”, de Francisco García Jiménez, autor de las letras de un centenar de tangos, entre ellos “Rosicler”)


(*) Acerca de este verso, mi viejo siempre contaba lo que decía el Polaco Goyeneche al respecto: "Se canta 'San Juan y Boedo antiguA... No antiguo, ANTIGUA: ¡es una esquina!" Aún cuando contradecía su propia versión de estudio con Pichuco grabada para el memorable "Te Acordás Polaco..." ¡Un loco!




lunes, 2 de abril de 2012

CALENDARIO ABRIL


Sábado 7 de Abril
"When Polémica Was On", Sálvame María, Juramento 1905, 18:00







Jueves 12 de Abril
"Palco de Rehabilitación: Grandezas de Espíritu", Teatro Colón, 20:30
(Astor Piazzolla: Tangazo Sergei Prokofiev: Concierto para piano Nº 2 en Sol menor, Op. 16 Johannes Brahms: Sinfonía Nº 4 en Mi menor, Op. 98)







Martes 17 de Abril
"Let Me Lanesa Your Pulse", Lugar TBC, 21:00







Martes 24 de Abril
"Té Marica IV: Melancholy Rose", Buddha BA, Bajo Belgrano, 17:00







Martes 24 de Abril
"Palco de Rehabilitación: La Forza del Destino" (Giuseppe Verdi), Teatro Colón, 20:30