lunes, 13 de febrero de 2012

LECTURAS II






“Apenas finalizada la Primera Guerra Mundial, el pulso de nuestra ciudad se vio nerviosamente alterado por alegres legiones de jóvenes que, sin más armas que las de de sus encantos femeninos, arribaban a nuestra ciudad, dispuestas a abrirse camino en busca de nuevos y promisorios aunque aventurados horizontes".

"Eran muguets de ultra Francia trasplantados a su segunda patria, ya que en ese lejano entonces, Buenos Aires era denominada “la pequeña París”. Como consecuencia de esta inesperada y rosada invasión, nuestras calles céntricas, principalmente por las noches, comenzaron a verse bulliciosamente concurridas y engalanadas por estas aguerridas poupées de importación. Por bares, confiterías y restaurantes de lujo, se dejaban admirar obteniendo inusitado éxito. Estas gamines noctámbulas, seductoras y divertidas, acostumbraban reunirse en lugares refinados, ya entre ellas o acompañadas por ocasionales galanes, en las mesas del “Julien” o del “Petit Salón” de Esmeralda y Lavalle y Esmeralda al 300 respectivamente".

"En la ochava suroeste de Corrientes y Esmeralda se hallaba la famosa confitería de Colombo y Busso, en cuyas mesas, entre las 6 de la tarde y las 9 de la noche, solía reunirse la elegancia porteña para tomar el aperitivo, aquel famoso Amer Picon con granadina".

"Dos inseparables y pintorescos jóvenes de varonil estampa, atrayentes figuras y agraciados rostros, con traviesas “pintas” de gigolós de luxe, siempre ataviados con finas y elegantes ropas, eran sus más fervientes habitués. Nombrar a estos dos inquilinos de la noche y coterráneos por añadidura sería recordar con alegría al cordobés Argüello y al cordobés Fines. ¡Palabras mayores en la jungla porteña!"

"La única preocupación de estos dos bigardos mediterráneos era la de proporcionarse un par de impetuosas y jóvenes francesas para llevarlas a bailar tangos al ostentoso cabaret “Armenonville”. Aquella esquina era la indicada para el acecho y el abordaje galante".

"La afluencia a la ciudad de estas muchachas puso en actividad a sagaces especuladores que comenzaron a entrever el negocio de abrir locales apropiados para el funcionamiento de novedosas salas de baile llamadas cabarets, que sumarían a las pocas que ya existían, conocidas por Armenonville, Royal-Pigall, Boite de Charton, Fritz, Parisiana y Montmartre".

"La catedral nocturna del tango fue sin duda “Armenonville”, que funcionaba solamente en la temporada de verano. Roberto Firpo, que actuaba con su orquesta, fue transferido por la empresa Lombart al “Royal-Pigall”, pasando en su reemplazo Fresedo, Cobián y Tito".

"El cabaret “Royal-Pigall” se hallaba ubicado en Corrientes al 800, en la planta baja, ocupando el foyer de un teatro de género libre llamado “Royal”…"



"Después de medianoche la consumición de champán era obligatoria. El fragor del Cordon Rouge, Veuve de Cliquot o del seco y ardiente Roederer llenaban de cordialidad y a veces de espectaculares riñas el mundano ambiente de la ostentosa sala, concurrida tan sólo por jóvenes dandies, distinguidos calaveras, hermosas “franchutas” consteladas de alhajas, que con sus presencias de reinas del cabaret acomplejaban un tanto a las modestas “milonguitas” criollas, a pesar del lujoso modelo de soirée que vestían.”



“En un salón ubicado en los altos de un café denominado “Elysées” de la calle Maipú al 300, lindando con el Teatro Casino, se bailaban tangos con un cuarteto cuyos integrantes vestían smokings rojos y era su director y bandoneonista Manuel Pizarro, al que poco tiempo después, al finalizar la guerra europea, llevó e impuso definitivamente el tango en París. El “Elysées” era un café muy concurrido, frecuentado por mujeres de la noche, en su mayoría polacas. Viene muy al caso mencionar que las primeras mujeres que aquí en la Argentina fumaron en público fueron polacas y rusas. Pedían cigarrillos en su idioma: “Dame una papirusa”. Esta palabreja eslava repetida con frecuencia llama la atención a los jóvenes noctámbulos frecuentadores de lugares de mala fama, quienes la toman de inmediato con simpatía para designar con ella a una mujer de esa o de cualquier otra categoría: papirusa. Pintoresca y muy porteña sinonimia incorporada a la jerga popular desde aquel lejano entonces.”



“Corrientes y Esmeralda fue bautizada sin dudas por algún explorador noctámbulo con la denominación glacial de “Alaska”, por el movimiento nocturno de un mercado fantasma que desaprensivamente traficaba con aquellos pequeños y característicos frascos que contenían tres gramos de clorhidrato, la droga blanca y amarga, el polvillo brillante, esponjoso y helado como la nieve. “Alaska” significaba aquella “nieve” de droguería que era la moda tres chic importada directamente por las cocottes europeas y que más tarde adoptaron algunos buscadores de paraísos artificiales, como refinado esnobismo.”



“En esa época fue cuando el diario Última Hora organizó un concurso de poesías populares con un premio de cinco pesos para el ganador del certamen".

"Este premio se lo adjudicaron a unos versos lunfardos titulados “Por la Pinta” que firmaba un poeta desconocido llamado Celedonio Flores".

"Gardel, asiduo lector de Última Hora, famosa por sus pronósticos hípicos, leyó aquella letra de Flores y resultando tan de su agrado, sin previa consulta al autor, le hace adaptar música con su guitarrista El Negro Ricardo, aún cuando la misma siempre figuró a nombre de Gardel-Razzano".

"La comenzó a ensayar pareciéndole que era una creación que debía grabar de inmediato. Lo citó a Cele al estudio de grabación el mismo día que iba a realizar el disco, haciéndosela escuchar primero, y aquél al terminar de oírla se emocionó tanto que no hacía otra cosa que agradecerle ese honor. Según me comentó Cele, cuando muchos años después de este episodio éramos fraternales amigos, en aquél histórico momento Gardel con ese gracejo tan porteño que tenía al expresarse le dijo:

-Pero hay una cosa, pibe… Tenés que piantarle el título de “Por la Pinta”.
-Lo voy a pensar, Carlitos. En este momento no se me ocurre ninguno…
-Pero qué clase de poeta sos… No hay tiempo que perder. Dentro de unos minutos lo grabo…
Después de unos minutos a Cele se le ocurrió rebautizarlo con el título de “Margot”.

"El disco salió a la venta y aquellos cinco pesos de premio se convirtieron para Celedonio en una redoblona de miles".

"Cuando yo escuché aquel disco en la voz de Gardel cantando aquellos versos alejandrinos escritos por Flores –para mí un poeta jamás igualado en su género-, me parecieron más que un poema lunfardo una escuela, un modelo, una fuente donde tendrían que ir forzosamente a abrevar los autores de letras de tango futuros. Pero infelizmente no fue así. La poesía tanguera con el andar de los años se fue convirtiendo en poesía hispana. Algunos poetas de los denominados “cultos” quisieron incursionar en él pero fracasaron al expresarse en un lenguaje completamente extraño al género".

"Eso es otra cosa. El valor autóctono de Celedonio Flores, que supo extraer poesía del barro, esa poesía desdeñada por los puristas".

"Como Mahoma, que escribió el Corán para los islámicos, El Negro Flores comenzaba con “Margot” a escribir para los porteños una nueva filosofía tanguística”.



(Mis Memorias, Enrique Cadícamo)