jueves, 21 de abril de 2011

GARCHTIC MONKEYS


Mientras se terminan de hornear los comentarios inútiles del mes (los realiza uno con cerebro de hornero) no quería dejar pasar la oportunidad del impulso para criticar un poco.

Como a fin del año pasado tomé la resolución de no criticar más a este país peronista, lo que sí no prometí fue detener el berrinche contra la musiquita de rock y, muy especialmente, los dirigidos a esos grupos que cuentan con aprobación unánime.

Por estos últimos días y gracias al perfil de facebook que abrí a los efectos de publicitar El Patio, esa nueva mentira honesta que comenzó en febrero, he visto posteado el video de la nueva canción de los Arctic Monkeys, Don't Sit Down Cause I Moved Your Chair, repetidas veces. Invariablemente, cada uno de esos posts estaban precedidos por una loa y, seguidamente, ilustrados por eufóricos y positivos comentarios que no se hicieron esperar.

Mientras tanto yo, tan poco curioso por todo lo que ya me cansó, no había atinado a presionar sobre la nada del play en la pantalla para ver cómo era esa canción. Hasta hace cinco minutos. El muchacho que posteó el que yo reproduje puso: "Si todo el disco va a ser así, espectacular!". Lo puso sin tildar la i de la palabrá así, por supuesto. Pero lo puso.

"Bueno, veamos" díjeme, esperando encontrar a la banda de Alex Turner un paso más allá en dirección a lo más sombrío, camino que ya había tomado, indudablemente, con el álbum Humbug. Siempre me habían parecido buenos y desde hace un tiempo pienso que su destino es el de la impopularidad, el de la paulatina pérdida de espacio y exposición a fuerza de tics mitad crípticos mitad sesudos. Eso pensaba. Hasta recién, que pulsé el play con la inexistente flechita.

La canción me pareció una porquería, lisa y llana. Un riff rockero que tiene más de Black Rebel Motorcycle Club que de Motorhead, una canción poco inspirada con alguna que otra frase ingeniosa en la letra. Pero el ingenio va más con el mundo de la publicidad que con el de la música, sobre todo la de rock. Una canción sin rincones, que se adivina desde el primer compás. Rock para quienes lo escucharon poco. Y mal. Si los Arctic Monkeys, de ser la esperanza blanca después de Oasis, van a pasar de los estupendos hits de adolescencia y la crudeza de The Fall al servicio del pop inteligente, si van a pasar de eso sin escalas a la canción heavy rotation con olor a las infinitesimales estrellas de rock de la década pasada, como por ejemplo "los" Black Rebel Motorcycle Club (que fueron The Jesus & Mary Chain -de Automatic en adelante, no el mejor- para quienes no los escucharon cuando se debía o para los que, por cuestión cronológica, los "chequearon" por YouTube o, a lo sumo, bajándose la discografía a través del Torrent), estamos, efectivamente, perdidos.

No me quiero adelantar porque tal vez el disco sea otra cosa. Los antecedentes indican que no puede ser así de pobre. Pero, parafraseando al muchacho este que puso "Si todo el disco va a ser así, espectacular!" digo: "Si todo el disco va a ser así, ¡que estos también se vayan a cagar!"