martes, 22 de marzo de 2011

COMENTARIOS INÚTILES EL OASIS 22/03/11


1. lupe fiasco - lasers

Este rapero americano ganador del Grammy tras seis años de carrera y habiendo sido “copiado” por algunos colegas que, con su sello, cosecharon aún más éxito que él mismo, decidió devolver el golpe recorriendo el camino inverso. Lupe Fiasco, entonces, decidió apegarse al costado mainstream del rap sin ponerse colorado aún cuando varias de sus nuevas canciones suenen más a Katy Perry que a Drake cuando Drake sonaba como Lupe Fiasco. El resultado es un disco rap con pinceladas pop muy entretenido al que no le falta el contenido socio-político de moda en la música de estos negritos declamadores y denunciantes. Qué suerte que algunos estudiaron y terminaron siendo Baracks Obamas.



2. akron/family - self titled II, the cosmic birth and journey of shinju tnt

Quinto disco en seis años de esta respetabilísima banda de Oregon. Le han puesto Self Titled II como si se tratase de una continuación de su self titled debut de 2005 pero no: la psicodelia de Akron/Family ha evolucionado en modo tal que toda la experimentación sonora de My Bloody Valentine o Animal Collective ha quedado, una vez más, sorprendentemente enriquecida. Estaban tan preocupados por si el sello discográfico les vetaba el álbum que se lo llevaron directo del estudio a la fábrica de vinilos y prensaron toda la tirada de LPs. La verdad es que no era para tanto: si hoy por hoy nada vende más que lo que ya vendía. Akron/Family, amigos de El Oasis.



3. radiohead - the king of limbs

Partamos de lo siguiente: el álbum anterior de Radiohead fue In Rainbows, editado cuatro años atrás, ¿cierto? Les pregunto a ustedes, que no me responden, porque puedo fácilmente equivocarme. Qué sé yo si luego de In Rainbows sacó otro antes de este, The King of Limbs, de título y tapa tan horribles que me hacen acordar a los boludos de Pavement. La verdad es que me importa una mierda la musiquita rock en general y Radiohead muy en particular, aunque no se trate de nada personal. Es que un tipo que utiliza su estrabismo como base de la construcción de un personaje con problemas neurológicos que devienen en motrices interpretado por Vincent Price, bien merece todo mi desprecio. Desprecio que, por otra parte, no vale una mierda. Como la musiquita de Radiohead en mi cabeza. Sé muy bien que los muchachos de Oxford no tienen la culpa que un infinito ejército de pelotudos los alaben sin límite ni fundamento, desde ningún lugar y sin siquiera plena convicción. Pero me pregunto: ¿no tienen nada pero nada que ver con eso? ¿Acaso no han echado un montón de leña a esa pira de estupidez una y otra vez? ¿Hacer lo que hizo Thom Yorke en el primer video que se difundió de The King of Limbs no lo convierte en el culpable de la horda de pelotudos que lo adoran sin saber quién es Robert Fripp y elevando al limitadísimo Johnny Greenwood al Olimpo de las seis cuerditas? ¿No Logo? ¿No Logo Thom Yorke que se aferra con uñas y dientes a su personajito que no es más que una marca comercial tan grande como Nike –pero sin zapatillas copadas- con su ya mencionado estrabismo y temblores incontrolables, con su llanto insoportable que esconde sus infinitas limitaciones como cantante? ¿O a ver si alguien se va a creer que ese llantito estirado tiene algo que ver con la destreza vocal de Tim Buckley? A propósito: ¿cuántos de los bobos que ponen a Radiohead por encima de todos los grandes que desconocen –y desconocerán por siempre- han escuchado la discografía de Tim Buckley? Thom Yorke es, además de todo, un cantante de mierda. Bloom, el pastiche de apertura, fue editado por docenas de solitarios artistas electrónicos aún antes de que The Bends viera la luz de la tierra. Morning Magpie es math rock sin una gota de inspiración que si sale en un disco de Foals (casualmente coterráneos de Réidiojet) pasa sin pena ni gloria sin que ninguno de los que compró el disco vuelva a escucharlo jamás. Ah, Dios… A la altura de Little by Little, de tener un arma en mano y a Thom Yorke a mano, le hubiese vaciado el cargador en la nuca. Sí, lo mataría de espaldas porque soy un cobarde. ¿Y qué? Balas Para Todos, así se llama mi nueva fundación que va a terminar con el peronismo y liberará a esta tierra malparida, otra que Don José de San Martín. Feral, le ponen a un tema Feral. Pelotudos de cuarta: ¿ellos también creen a unísono con su ejército de neófitos seguidores que han regresado de la domesticación de The Bends al “estado salvaje” de, digamos en este caso, The King of Limbs? Sólo a gente que no escuchó nada dentro del infinitamente amplio abanico de posibilidades y ofertas musicales puede resultarle Feral o The King of Limbs algo “experimental”. Mierda, esa es la etiqueta. Overrated shit. Lotus Flower, esa era la del video. Madre de Dios… Una canción intrascendente, si es que osamos llamar canción a esta edición de parchecitos poco inspirados. Claro: con el “No Logo” de su llantito lamentable espolvoreado encima, cual azúcar impalpable (e intragable). Eso más su “freakeada” en el video lo convierte en “genialidad”. Basura, esto es pura basura. Codex, sin ser nada más que una cancioncita cualquiera de un grupo de rock del montón, me podría llegar a gustar en caso de que estuviera dispuesto a que me gustara algo de estos pelotudos. Si al menos ensayaran este tipo de cosas una detrás de la otra… Porque entre tanta mierda que ofrece The King of Limbs recién en el sexto tema de ocho encontramos una secuencia de acordes acertada y una línea melódica que se esboza con cierta dignidad. Sexto tema de ocho después de cuatro años ¿de qué? ¿Acaso este pelotudo de Thom Yorke, cuando no está de gira y vuelve a su casa, se la pasa bailando solo frente al espejo como único espectador de su extrañeza farsesca? ¿Se me permite decir, o mejor dicho escribir, la palabra farsesca? Give Up the Ghost… Give Up the Music, hijos de una gran siete. Cuatro acordes repetidos linealmente hasta el hartazgo, una armonía con su inaguantable llanto-falsetto de fondo y una melodía tan pelotuda como innecesaria. Y ya llega el final (¡qué suerte!) con Separator. Otra nadería, otra base sincopada semi-dub sobre la cual tejen una mantita cual secuencia de acordes con la inconducente y torpe línea melódica del llorón este que, en retrospectiva, me hace ver a Robert Smith como Buddy Holly.
Pero Radiohead funciona bien para la generación digital, esa generación que no escuchó nada pero que piensa que lo conoce “todo” porque lo ha bajado, o está por bajarlo, a “todo”. Esa generación que escucha “lo que hay que escuchar” y que construye su gusto alrededor de lo que “hay que gustar”, la generación con tardía inclinación a la izquierda tarada (no a la cerebral y lúcida que, por supuesto, sólo existe en los países cerebrales y lúcidos, es decir en “el imperio”), los revolucionarios antiimperialistas con perfil de Facebook y Blackberrys. Bájense un ringtone, háganme el favor.



4. elbow - build a rocket boys!

Era muy improbable que Guy Garvey se convirtiese en un pop star del mainstream. De hecho, si lo ves posando en las portadas de las revistas de mayor circulación, sigue resultando algo así como un espejismo. Un gordo barbudo que aparenta ser más viejo de lo que es, sin ningún atractivo sexual ni por error, convertido en un artista multi-premiado y vendedor de cientos de miles de cada uno de sus discos. Weird. Sobre todo si se trata de un tipo (y su grupo) que saliera de las entrañas del Manchester post-Badly Drawn Boy como alternativa sobria de Doves. Elbow fue primariamente emparentado con Peter Gabriel por no mucho más que el timbre de voz de Garvey. Su música fue alejándose de los requerimientos de la formación clásica del rock y acercándose paso a paso al verdadero Peter Gabriel (a tal punto que en su álbum de covers el ex-Genesis ha versionado a Elbow), pero no se quedan ahí: mezclan el gospel y la nocturnidad del Cave maduro con la austeridad y el buen gusto del Talk Talk más tardío. Nada de influencias de tercera línea. Build a Rocket Boys! toma lo mejor de The Seldom Seen Kid y le da estatuto de álbum mucho más allá de lo que fuera el hasta hoy más exitoso disco de los mancunienses. Un éxito en el más amplio sentido, tan inesperado como merecido. Creo que es la muestra más acabada de por qué Radiohead es un barco a la deriva que, a esta altura, merece estar hundido. Y olvidado.


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