domingo, 16 de enero de 2011

COMENTARIOS INÚTILES 2011 CAPÍTULO I


1. salem - king night

Álbum debú de este trío de Michigan. En 2008 aparecieron bajo un halo de misterio sin saberse siquiera un sólo nombre de los que detrás del moniker Salem estaban guarecidos. Ese EP con el que "se dieron a conocer" se intitulaba Yes I Smoke Crack. Una dark electronica innundaba la música de Salem, acercándolos un tanto al movimiento que asusta con elementos dub desde hace unos pocos añitos. Nada nuevo, por supuesto: Trazos de sus tics y formas pueden encontrarse en bandas de los ochenta como The KLF o The Ecstasy of St. Theresa. Pero de cualquier forma estos americanos no lo hacen mal, de ninguna manera. Además, en King Night, introducen un elemento shoegaze importante, aligerando la oscuridad y alimentando el costado etéreo. Las voces ayudan en este sentido. Si no, vean el video de Frost.



2. braids - native speaker

Otro debú pero en este caso de un cuarteto y de más al norte: Canadienses. El elemento de dream electrónica sigue presente como en Salem, pero mucho más limpio y luminoso: No hay espacio aquí para invocaciones satanistas ni mucho menos. El clima predominante es pastoral, con mucho pulmón de bosque bien canadiense, aunque sean de Montreal y haya que salirse un poco de la ciudad para airearse como corresponde. Como unos Architecture in Helsinki mezclados con algo de New Order (Power Corruption & Lies) más Sigur Ros.



3. british sea power - valhalla dancehall

Valhalla Dancehall es, más allá del soundtrack editado el año pasado (The Man from Aran), el cuarto álbum de los británicos British Sea Power. Herederos del indie rock letrado de, digamos, Morrissey, el cuarteto sigue firme en su carrera que los va llevando a disputarle el lugar a Manic Street Preachers. Valhalla Dancehall es aún mejor que el galardonado "Do You Like Rock Music?" Están muy bien.



4. brother ape - a rare moment of insight

Brother Ape es un combo sueco que hace prog-rock moderno. A no asustarse: No están lejos de exitosos como Muse o Radiohead, tan indie ellos. Lo curioso es que el muy sólido A Rare Moment of Insight suena como música de quinteto o sexteto, como mínimo, y los suecos son solamente tres. Entre Rush y Yes (de Tormato en adelante) con The Mars Volta como conector, Brother Ape es otra buena oportunidad para perderle el miedo al término rock progresivo.



5. drive-by truckers - go-go boots

Esta banda de larga data es bien reconocida por su culto al rock americano que nada tiene que ver con el indie, o digamos "poco" para ser prudentes que el año recién comienza. Con Go-go Boots se abren a su más grande amor, el Country, y lo conjugan con el Soul y el Rhythm and Blues. De tradición sureña, Drive-by Truckers se despacha con un disco excepcional, de esos que va a haber que recordar, en el resumen de 2011, que fue editado bien a comienzos del año y que merece ir alto en la lista. No es gratuito trabajar con gente como Bettye LaVette y Booker T. Jones. Muscle Shoals anyone? Recomendado.



6. dylan leblanc - paupers field

¡Uy qué debú, miDió…! Es de Lousiana, este muchacho Dylan. Y si nació en Lousiana es lindo pibe, de adentro y de afuera. ¡Pero qué debú, miDió! Un singer-songwriter de ese origen y con tal DNA que practica el arte de Gram Parsons y Neil Young, no puede hacer menos que este Paupers Field: ¡Pero miDió, qué debú! Dylan Leblanc es hijo de un sesionista Muscle Shoals, digo, como para empalmar con el álbum anterior de esta mismísima lista. Así que menos que menos puede fallar. Te tiro un par de datos más como para que salgas corriendo a comprarlo (tranquilo, no te voy a cobrar nada; eso sí: en breve estos comentarios estarán únicamente en facebook para que sean leídos por los habitantes de The Head solamente): Sus canciones tienen cosas de She & Him, M. Ward y mucho de Don Townes Van Zandt. Y atendé a esta: en una canción pone su voz Emmylou Harris. Todo dicho: ¡Qué debú de este purrete de 20 pirulos, miDió!




7. eleh - location momentum

¿Querés ambient-music modelo 2011? Eleh es el nombre. ¿Y qué es Eleh? Un misterioso combo (¿unipersonal?) que comenzó a grabar discos con sintetizadores analógicos modulares rindiéndole tributo a los compositores minimalistas que abrieran el fuego hace tantos años: La Monte Young y Terry Riley, entre otros. Los discos que editaba Eleh se prensaban en vinilos de a pequeñas cantidades. El boca a boca fue propagando la noticia y el misterio de la identidad de Eleh subió cotización en la bolsa: ¿Se trata de Stephen O´Malley -el brillante demente tras Sunn O)))-, de Keith Fullerton Whitman? Who knows, who cares? El asunto es que llegó el momento del primer lanzamiento “a gran escala”: Location Momentum no da concesiones (ni las admite): Para que se den una idea, el track inicial de la obra es un tono que se sostiene por 20 minutos. Suck that tangerine. Si sos un loco de los ruiditos psicóticos, este es un gran disco. Bipolares abstenerse.

(GENIAL: NO ENCUENTRO NADA EN YOUTUBE. SALUDABLE.)

8. keith fullerton whitman - generator

¿Que quién es Keith Fullerton Whitman? Acá te respondemos todo, y no te cobramos recargo. Es un músico electrónico americano que se las trae. Ha grabado bajo diversos alias y podría ser la contrapartida americana de Richard D. James. Y no: Parece que no es Keith quien está detrás de Eleh. Pero quién sabe… El asunto es que se editó Generator, una elegía retro-futurista que combina la actividad de viejos sintetizadores analógicos con digitales y música hecha desde una computadora: Todos los elementos se largan a funcionar casi solos entregando con total naturalidad no-humana todas las variables de lo automático habidas y por haber: El colmo de lo imprevisible en una repetición continua, creciente. El resultado es saludablemente alienante, una elegía hipnótica.



9. gregory and the hawk - leche

Linda flaca la morocha de Meredith Godreau. Se hace llamar Gregory and The Hawk y le puso Leche a su nuevo álbum. La historia es sacic: Meredith graba un disco en su habitación y se transforma, de la noche a la mañana, una sensación en la web vendiendo decenas de miles de digital downloadings del “single” de dicho álbum. Sus canciones eran de un pop melancólico que la emparentaban con un Elliott Smith femenino y de entre-casa, ideal para fans de Belle and Sebastian a quienes les gusta Nick Drake. Es así que se va a un estudio como Dios manda y graba su segundo disco que, a pesar de ser apoyado con varias giras que Meredith hiciera junto a grupos como Múm y Frightened Rabbit Saviola, fue un estrepitoso fracaso. ¿Qué hizo entonces la Señorita Godreau? Se volvió a la habitación y se mandó un tercer álbum, como quien no quiere la cosa. Con más canciones mínimas, de carácter acústico, con guitarras, arpas y esas cosas. A mitad de camino entre Joanna Newsom y el fantasma femenino de Elliott Smith, Leche no se enfría. Y de enfriarse, cuarenta segundos al micro-ondas.



10. forest swords - dagger paths

Matthew Barnes es un productor británico y Forest Swords el seudónimo tras el cual comenzó a editar su propia música: Una especie de electrónica encantada, singular post-rock con voces humanas, chill-out pop, drone-step, biff-bang-pow. Un viaje hipnótico y noctámbulo que, en base a la repetición de lánguidos patterns, van creando un crescendo atmosférico que mucho tiene que ver con la música más nocturna de los años ochenta de gente como Chrome, Minimal Compact o MX 80 Sound. Costen, costen…



11. lebowski - cinematic

Lebowski es una banda de prog-rock polaca y Cinemtic su álbum debut, el soundtrack para una película inexistente. La música es multi-dimensional y melódica, ciertamente narrativa. Hay algo del King Crimson más reciente y otro poco de un Rush remozado. Amplitud sonora.



12. robert miles - thirteen

Y en una variante de una música que el tiempo ha tornado inadecuada, Robert Miles es, en Thirteen, mitad Vangelis y mitad Chicane. Una canción va desembocando en la siguiente sin solución de continuidad en este grandilocuente paisaje sin palabras de sonoridad sinfónico-espacial y de espíritu progresivo. Iba a decir “como los discos que ya no se hacen” pero eso sería un grave error, es más bien “como los discos que ya casi ni se escuchan”. No es gratuito, tampoco, haber trabajado con Bill Laswell y Robert Fripp.



13. twin shadow - forget

¿No es fino? George Lewis Jr. vive en Brooklyn (guacho de mierda) y, con producción de Chris Grizzly Bear Taylor, edita este debú como Twin Shadow, una preciosura synth pop que nos remite directamente al Roxy Music de Avalon, modernizado en lo anacrónico. Recomendado.



14. weekend - sports

Cómo está el reváival de los ochenta, miDió. Weekend es una banda de San Francisco, CA (guachos de mierda) y Sports es su debut que, desde una base del Joy Division más rústico (nada de refinar el sonido como el último de Interpol) se bandea al noise armónico de My Bloody Valentine y a la adrenalina distorsionada de The Jesus & Mary Chain (y aquí recuerdo, trampas de una mente enferma, al boludo de Pergolini quien, desde su programa de radio y por supuesto con varios años de retraso, comenzara a mencionar a esta banda escocesa como “lo nuevo” que pasaba en Gran Bretaña, y los llamaba, una y otra vez, “Jesus & the Mary Chain”; ¿soy yo el único que recuerda estas gansadas o más bien el único que las inventa, o hay alguno ahí afuera es decir aquí dentro de la cabeza que dé fe de lo que estoy diciendo?). Capas y capas de guitarras, melodías y fraseos lánguidos, ritmos hipnóticos con rulos de tambor aquí y allí. Si querés revivir aquellos años, dale para adelante con Weekend.



15. zach hill - face tat

Muy interesante (qué revista): Zach Hill es un baterista de Sacramento, CA (guacho de mierda), donde alguna vez estuve yo para la gira de Wish por la costa oeste de America parando en la casa de un penpal con quien fui a ver alguno de aquellos conciertos del gordo rarón ese, Roberesmí. Bueno, este muchacho Zach es amigo de un montón de gente de bandas (The Mars Volta, Deftones, Marilyn Monzón) con quienes toca como sesionista y a quienes cuenta como invitados de sus propios discos. Face Tat es el segundo que hace este baterista loco quien, en este mismísimo instante, se me figura como un Alexander Skip Spence de la modernidad: Está un poco loco y su música te enloquece. Es muchísimo menos inspirada que la de Skip, para qué les voy a mentir (Zach está del lado de los virtuosos, Skip del de los encendidos; ambos bandos no son incompatibles); pero de cualquier forma es amorfa y lo suficientemente psicodélica y melódica como para trazar el paralelo. Hay algo del math-rock de Battles, un poco de la explosión de Prefuse 73 y, por sobre todas las cosas, el fantasma del Super Furry Animals desquiciado, aquel que juega un picado entre la psicodelia y el descontrol electrónico (ver Guerrilla). Muy interesante (qué revista).



16. wire - red barked tree

Qué caso el de estos muchachos Wire. Arrancaron con tres discos legendarios para luego ser echados del sello en el 81, porque no cuajaban (con las aspiraciones de la compañía). Perdieron a Bruce Gilbert y siguieron con algo radicalmente diferente: Un tecno pop neworderish pero mejor, más luego una electrónica sin concesiones, áspera. En la última reinvención, ya casi diez años ha, volvieron a las guitarras y comenzaron a trazar lo que podría llamarse un indie-rock melódico de una calidad a la cual ningún combo joven contemporáneo puede aspirar. Red Barked Tree es el mejor de la última etapa, un disco irresistible de canciones perfectas y a la vez poco condescendientes que no puede escapar a tu orejita loca. Te lo digo yo, que nada digo usando muchas palabras, dos más.



17. white noise sound - white noise sound

Cómo está el Chúgais, miDió… “La movida del Valle del Támesis”, dirían otros… Late eighties, early nineties. Qué momento. Este sexteto de Swansea reclutó a un Spacemen 3 para completer su sonido “Jesus & the Mary Chain” con un poco de los 3 del Espacio y vaya que les vino bien, y a las pruebas me Remigio: White Noise Sound. Walkin´ with Jesus (“& the Mary Chain”), digo yo en un rapto de inútil ingenio diurno, para condensar las dos influencias antes mencionadas. Y agrego que no se quedan ahí: hay momentos más cabezones que me mandan a la colaboración Fripp-Eno (casi nada: Dos nabos con suerte, la suerte de haber nacido “allá”, donde impera el dinero del imperio y su dominación cultural con la que someten a los pueblos –originarios- de todas partes de la periferia: Combatamos al Capital, loco...)



18. girls - broken dreams club

Melodías infecciosas y el refinado arte del songwriter fueron las puntas de lanza de este muchacho Christopher Owen, líder de Girls, en su debut Album. Tras el merecido éxito no pararon de girar y tocar; hasta ahora, que bajaron un cambio para grabar este mini álbum, “una postal del horizonte”, como Owen lo describe en la gacetilla de prensa. El pop épico de los sesenta sigue siendo el alimento balanceado principal de estas bellas canciones, y no olvidemos que son de San Francisco, CA (guachos de mierda). Lo recomiendo con fervor apátrida.



19. my chemical romance - danger days: the true lives of the fabulous killjoys

Cuarto disco de estos muchachos que comenzaran hace casi diez años con un espíritu punk que los ligaba, un poquito al menos, hasta con Nirvana. Pero rápidamente fueron puliéndose y develando sus no tan secretas intenciones: Se convirtieron en un grupo de rock y pop muy limpio (lo que no constituye un desvalor) y efectivo a una velocidad muy superior a la que Green Day hiciera lo propio. Rock alternativo americano de primera división, anyone?



20. fujiya & miyagi - ventriloquizzing

Interesante cuarteto de Brighton y su cuarto disco. El pulso motor es el de Can y Neu! La cobertura de repostería es del early The Human League, o del New York Synth-Club-Pop de los ochenta. Y aquí digo: LCD Soundsystem, que hace algo análogo a esto de Fujiya & Miyagi, utilizando referencias mucho más obvias y burdas, tiene un éxito y prestigio desproporcionados a su talentito. Estos pobres pibes de Fijiya & Miyagi, con un catálogo mucho más rico y apropiado en sus cabezas, no corren igual suerte a pesar de que su producción me resulta superior a la del gordito este James Murphy. Porque aquí hay cosas de Suicide, Krafwerk y hasta The Doors, mientas JM se limita mucho a New Order (en lugar de The Human League) y a Bowie. Ventriloquizzing, un homenaje a Chasman y Chirolita.



21. minks - by the hedge

Minks, combo indie-pop de Boston, MA (guachos de mierda); By the Hedge, su álbum debú. Y sí: Más neo-chúgais, más reváival del la “movida del Valle del Támesis”. Capas de piel de Onion-Guitars, lánguidas melodías de fraseos tan prolongados como cansinos, líneas de un bajo profundo: “Sí Señola…” Clientele más My Bloody Valentine con una pizca de The Cure (pronúnciese Te-cúre)



22. suuns - zeroes qc

Prometedor debú. Y ya cumple con su cuota inicial. Se trata de un cuarteto canadiense (Montreal) que cambió su nombre original (Zeroes) por Suuns, ya que fueron intimados a hacerlo por una ignota banda punk de California quienes gritaban a los cuatro o cinco vientos que ese nombre les pertenecía. Qué ridiculé. Pero bueno, no importa: Lo que no necesitan cambiar es el extraño talento para mezclar cosas tan disímiles como la electrónica que deviene en guitar pop con guiños Zeppelinescos en los riffs (si no fíjense en Armed for Peace) y kraut-rock (que a veces es pop). Hay luego cosas entre Kings of Leon y Swervedriver, más rastros de unos Clinic consistentes, como atrapados en el fantasma de Pere Ubu, Echoboy y los alemanes Pöhl Musik.



23. jim noir - zooper dooper

Este mancuniense cultor del psych-folk y autor de innumerables músicas de comerciales para TV (de algo hay que vivir, y muy bien), se despacha con más de sus canciones que tocan a The Beta Band, Super Furry Animals, The Kinks, The 5th Dimension y, por qué no, un poco del early Air y Denim (ver o mejor aún oír Kitty Cat)




24. anna calvi - anna calvi

Qué curioso… Estaba pensando en que, quiérase o no y sépase o no, todavía circula la idea de que hay un valor intrínseco en los discos o en los artistas. Estamos hablando de música y, dentro de la misma, del arte muy menor del rock. Decía: Todavía se cree en que hay cosas que son buenas en sí mismas; y desde esa idea algunos piensan como adolescentes: “Este es mi grupo favorito porque es realmente bueno, mejor que tal y cual” como si se pudiese comprobar casi científicamente.
La última vez que estuve en Londres, una de las cuatro o cinco cosas que hice bien durante 2010 (irme de este país dos veces), asistí a la serie de conciertos que organiza Teenage Cancer Trust. Allí, una de las noches, se presentó imprevistamente y fuera de programa una muchacha Anna Calvi. La fecha era “Arctic Monkeys supported by Mystery Jets”. Por más que no me gustan los que oficiaban de banda soporte, enfilé temprano para el Albert Hall: Quedaba a 6 cuadras de mi habitación (espaciosa, esas que son la planta baja de una casa típica inglesa, con los enormes ventanales que forman un rincón de tres lados que dan a una hermosa calle inglesa, como si fuesen la mitad de un hexágono) por lo que no me aguantaba para salir caminando MUY lentamente hacia el fabuloso coliseo londinense: Recorrer esas cuadras, sobre todo las últimas que serpentean elegantemente con el trazo de la envidiable arquitectura del Royal Borough of Kensington and Chelsea, significaba un placer tan ridículo e inentendible como íntimo e intransferible. Perfecto.
Pues bien, cuando tomé asiento (tenía una excelente ubicación esa noche, a la izquierda del escenario en la fila tres de los stalls más bajos, apenas metro y medio por sobre la platea) al lado mío se sentaba una mujer hermosa, inglesa, de unos cuarenta y tantos años desvergonzadamente bien llevados, con una presencia que sólo ellos o ellas pueden portar gracias a su DNA. Estaba acompañada de sus dos hijas, una de nueve o diez, otra de unos trece: Futuras bellas madres de hermosos anglo-sajoncitos. En eso sale el mismísimo Roger Daltrey a escena y, tras los agradecimientos de rigor por el aporte que hacíamos a la causa del Teenage Cancer Trust con nuestra presencia allí esa noche, se puso a presentar a Anna Calvi. Que esto, que lo otro, que aquello. En un momento dijo: Afortunadamente parece que Brian Eno va a trabajar con ella. Sin importar que esa posibilidad que se anunciaba se fuera a cristalizar o no, el dato no me pareció menor. Salió entonces Anna, entre el tibio aplauso de los pocos que ya estábamos tan temprano en la sala. Tenía el pelo recogido en un rodete, su tez blanca hacía que el rouge fuese de una furia sangrienta, sus ojos claros enmarcadas por frondosas pestañas y cejas generosas; tenía una extraña fuerza magnética que de inmediato capturó toda mi atención haciéndome olvidar hasta del fantástico lugar en el que me encontraba, lamentablemente, sólo de paso. En eso se calzó una telecaster: Comenzó una intro inefable durante la cual hizo sonar la guitarra utilizando una poco frecuente diversidad de técnicas. Se traslucían Adrian Belew, Robert Fripp, Jimi Hendrix y Robin Guthrie, todos en uno (o mejor dicho en una) y alternándose en la tocata. Quedé boquiabierto, totalmente enamorado. La madre inglesa a mi lado (de quien ya estaba enamorado hacía rato) y sus hijas, festejaban la performance de Anna Calve de manera estrepitosa, con fervor familiar: En mi manía de hilar una historia tras cualquier suceso a mi alrededor, determiné que Anna era la hija mayor de esta mujer quien junto a las hermanitas de la loca de la guitarrita estaban allí para ver “a la nena en el Albert Hall: Ha.” El transcurrir de la velada, ciertamente, me indicaría lo contrario: Festejaron con el mismo ímpetu todas las intervenciones de los ordinarios Mystery Jets y aún más estruendosamente las de los extraordinarios Arctic Monkeys (quienes esa noche, presentando Humbug, hicieron un show bastante escabroso para la habitualidad del pop, muy NickCavish). Pero retornemos a Anna Calvi: Tras la intro que la mostraba como una inusual virtuosa de la guitarrita, se largó con una serie de canciones que destilaban belleza en trazos de melancolía y temprana nocturnidad. Las referencias, en un primer momento, podían aparecer, o más bien parecer, fáciles: “PJ Harvey” pero no: Esta chica mostraba mucho más, era más barroca, le aportaba una furia rockera diferente que tenía mucho más que ver con lo inalcanzable de Hendrix y con lo etéreo de Cocteau Twins (dejando de lado el rock o enriqueciéndolo), más la incógnita elegantemente trágica de Piaf. Nick Cave, por supuesto, estaba metido ahí, porque era el link hacia Nina Simone, una Nina Simone menos entrenada, sí, y a cargo de otro instrumento, uno más fálico, pero con la inspiración alta. La música sonaba con un eco cautivador, de otro mundo. Se sucedían las canciones casi sin palabras habladas y con unos aplausos cada vez más calurosos y clamorosos, con gritos de asombro y admiración que descomprimían el asombro colectivo de tanto en tanto. Creí, una vez más, que estaba presenciando algo extraordinario sin haberlo planeado. Y creerlo o más bien sentirlo en el momento, es todo lo que cuenta. Y es lo que marca el gusto por algún artista, preferencia personal que nada tiene que ver con una “demostración empírica” de lo que es artísticamente valioso o mejor que otras cosas. Esa idea es un error, ese tipo de demostraciones empíricas no existe en la música, mucho menos en el terreno inundable del rock. El asunto es que esta petisa preciosa, puro talento y sensualidad condensada, apretada en su deseable cuerpecito como apretado estaba su cabello en el esférico rodete, no paraba de tocar su guitarra con una sanísima singularidad mientras tejía con su voz melodías de a retazos, sugerentes llamados que nos conducían por los tortuosos pasillos del misterio. Mientras tanto un baterista y una segunda mujer, mucho menos agraciada que Anna en el más amplio de los sentidos pero sí un lugarteniente leal y efectivo que se paseaba de la percusión al piano pasando por un harmonio hindú, terminaban de configurar las postales que, una tras otra, armaban un álbum memorable. Todo lo que tocó esa noche Anna Calvi está en su álbum debut, además de otras cosas.
Mi recuerdo de esa noche y todo lo que la rodeó está en un plano que, inevitablemente, juega en contra de la escucha del álbum: Nada podría reproducir lo que viví esa noche. Por lo tanto, ante la primera escucha del álbum, me sentí un poco decepcionado. Pero con los sucesivos intentos recordé que lo único que importa y que hace de un disco algo extraordinario, algo mejor que otros que lo circundan, es simplemente una feliz experiencia personal intransferible que uno debe defender a ultranza de todo lo que venga, porque es lo único que cuenta: Las secuelas de las experiencias vividas. Vos, que no estuviste esa noche allí (y que, de haberlo estado, pudiste haber experimentado algo totalmente diferente a lo que yo), tal vez escuches el disco y te vuelva loco (es altamente probable), o no. El asunto es que yo había quedado prendado de Anna Calvi volviéndome loco por ella aquella noche del último mes de Marzo. Todo lo demás es cuestión de sostenerlo uno, de seguir construyendo epifanías.



25. the decemberists - the king is dead

Colin Meloy, un tipo interesante. The Decemberists es Colin Meloy, cosa más cosa menos. Lo último que había hecho el autor del notable The Crane Wife era una especie de ópera pop con alma progresiva, The Hazards of Love, idea que a los aburridos y unidimensionales cultores del indie no les cayera muy bien que digamos. Es que da mucho trabajo un, válgame la repetición, un trabajo tal. Pues bien: Colin supo que debía aligerar la carga en el nuevo disco, para darle un respiro a seguidores e indiferentes. Es así que llega este nuevo disco de excelentes canciones que no conforman ningún denso bloque que narra una totalidad dramática poco amistosa para el mercado discográfico contemporáneo, tan virtual él en tanto oyentes. El título del álbum, The King is Dead, muestra la admiración de Meloy por Morrissey y su viejo y extinto grupo The Smiths. Pero las raíces musicales, más allá de la inevitable influencia del Mozzer, son más bien americanas (como las de Morrissey). Basta saber que Gillian Welch está cantando en varias de las canciones y Peter Buck tocando la guitarrita en muchas otras. Así se va configurando un disco que rememora al viejo R.E.M., al de los I.R.S. years, y otro poco nada menos que a Neil Young. ¿Hace falta decir que lo recomiendo?



26. heidi spencer & the rare birds - under streetlight glow

Simon Raymonde, si siquiera planearlo, fundó su propio sello discográfico hace más de una década y, en silencio, le dio un catálogo tan exquisito como coherente. Justamente tal cual era el del sello de su banda, Cocteau Twins, allá por sus comienzos: 4AD. Heidi Spencer es una singer-songwriter de Milwaukee, WI (guacha de mierda) que, tras recorrer bares de buena muerte a lo largo y ancho de la Deep America, fue contratada por Bella Union, el sello de Raymonde que alberga, entre otras gemas, a Fleet Foxes, Midlake y Beach House. Lo de Heidi es un country-folk delicadísimo con cosas en común con el comienzo de Gillian Welch, aunque Heidi sea mucho más rica melódicamente hablando (o, mejor dicho, menos minimalista). Confesión: A esta altura de mi vida tengo debilidad por la música americana.

(UPA: TAMPOCO ENCUENTRO VIDEOS DE HEIDI Y LOS PÁJAROS RAROS EN TÚTÚ...)

27. the streets - computers and blues

Computers and Blues se anuncia como el quinto (es verdad) y último (está por verse) álbum de Mike Skinner como The Streets. Último en el sentido de final, digo. Eso es lo que está por verse. Mientras tanto podemos escuchar más beats ingeniosos del mancuniense, más de sus letras sobre la vida baja y diaria en Inglaterra, más samples de viejo funk, rap y jí-jó, más ganas de ser un negro blanco de los council estates de Manchester en particular y de Inglaterra en general. Si te gustaba, te gusta. Si te gusta, te gustará.



28. motorhead - the world is yours

Lemmy, con Phil y Mikkey. Tantos son los discos que Motorhead edita de manera incesante y sin solución de continuidad, que ya no le damos bola. Y es una pena. Motorhead hace como si aún fuera 1975 pero con discos que suenan, en este caso, 2011. Hard rock, heavy metal: Como quieras llamarlo. Las canciones son de excelente factura, el trío rockea como pocos y están vigentes tras una infinita cadena de excesos. En tiempos en que la palabra rock no significa nada, en un buen diccionario debiera definírsela con el término “Motorhead”. No sería injusto ni erróneo.



29. take that - progress

Y Robbie Williams volvió a Take That. El ultimo álbum de la banda con Robbie había sido editado en 1995. Tras su reconciliación con Gary Barlow (la otra fuerza creativa de la banda) plasmada en el tema Shame, del último compilado de Robbie, la reunión de Take That no se hizo esperar. El álbum Progress difiere de los viejos en que el costado Barlow, más identificable con las baladas, dio más espacio al lado Williams de la cosa. Es un disco que los encuentra como gente grande que actúa, más o menos, de manera acorde. Digamos: Estos muchachos saben bien cómo componer una buena canción pop y, en muchos casos, un hit. El asunto es que el prejuicio de la “masa rockera” los mata. Cualquiera de estas canciones en boca de Bowie o de Neil Hannon o por qué no en discos de Muse, serían alabadas. En el caso de Take That, no tienen más remedio que el desprecio. Que, considerando de quienes suele venir, es una buena señal.



30. voice of the seven thunders - voice of the seven thunders

Rick Tomlinson es un inglés que editara un disco por Twisted Nerve allá por 2007 bajo el nombre de Voice of the Seven Woods. Su música era una especie de folk psicodélico con el ancla puesta en bandas como Pentangle y The Incredible String Band. Pero no hace mucho, Rick descubrió un libro de profecías que data del siglo XIX y quedó tan enganchado que bautizó su segundo proyecto/disco con el título de dicho oráculo: Voice of the Seven Thunders. La idea es la misma: Psicodelia rock y folk, alternadamente, un viaje demasiado progresivo para estos lineales tiempos que corren, una banda que El Oasis festeja descubrir y traer aquí a la palestra en The Head. ¿Acaso le harías asco a un jam con Hendrix, Velvet Underground, Pink Floyd y el viejo Fleetwood Mac de Peter Green?