domingo, 26 de diciembre de 2010

TALES FROM TOPOGRAPHIC OCEANS (1973)


-Aquí estoy, Guruji. –Mi semblante avergonzado hablaba más elocuentemente que yo.
-Vamos a la cocina a buscar algo que comer. –La actitud de Sri Ykteswar era tan natural como si hubieran sido sólo horas y no días los que nos habían separado.
-Maestro, debo de haberle contrariado grandemente por mi súbita partida y el consiguiente abandono de mis deberes; creí que estaría disgustado conmigo.
-¡No, claro que no! El enfado se manifiesta cuando se ha contrariado algún deseo. Yo no espero nada de los demás, de modo que sus acciones no pueden estar en oposición con mis deseos. Yo no me valdría de ti para mis propios fines; sólo soy feliz en tu propia felicidad.
-¡Señor, oímos hablar del amor divino en una forma vaga, pero hoy verdaderamente tengo ante mí un ejemplo concreto de éste en su angélico espíritu! En el mundo, incluso el padre no perdona tan fácilmente a su hijo si éste abandona los asuntos paternos sin previo aviso. Pero usted no ha mostrado la más ligera contrariedad, aun cuando con mi marcha debo de haberle causado grandes inconvenientes por todas las tareas que dejé inconclusas.
Nos contemplamos mutuamente con ojos deonde las lágrimas brillaban. Una oleada de bendición me cubrió. Yo sabía que el Señor, en la forma de mi gurú, estaba expandiendo los limitados ardores de mi corazón hacia los vastos dominios del amor cósmico.

De este modo comienza el capítulo catorce del libro Autobiografía de un Yogui, de Paramahansa Yogananda, libro que le inspirara a Jon Anderson uno de los álbumes más vastos y brillantes de Yes, Tales From Topographic Oceans. Así como Siddharta de Herman Hesse fue el punto de partida de Close to the Edge, Autobiography of a Yogi ofició de lo propio con el álbum doble de Yes, ese que traía un sólo tema por cada lado del vinilo. Si bien la historia oficial toma como inspiración de Anderson las escrituras del Shastra (que son tratados sobre las doctrinas contenidas en los Sutras, escritos por los grandes Maestros del Budismo), el libro que no soltaba en ningún momento Jon durante 1973 (y que permaneció con él en el estudio los cuatro meses de las sesiones de grabación de TFTO) fue el gran libro de Yogananda. Esto predispuso muy mal a los fundamentalistas del rock progresivo y sinfónico: les resultaba el colmo de la mariconada. Porque el álbum fue resistido por los propios fans, no sólo por los detractores del género. Se lo consideró un exceso, aún para los estándares de Yes. A punto tal que Rick Wakeman (de quien hay que decir era bien farolero) abandonó el grupo por vez primera tras este disco. Seguramente no tan molesto por la inspiración budista de Anderson sino más bien por celos profesionales: las cuatro canciones fueron compuestas por Jon y Steve Howe, quienes tenían, de alguna manera, la idea acabada en la cabeza antes de ingresar al estudio. ¿Por qué se demoraron cuatro meses en registrarlo, entonces? Porque a pesar de ello Yes siempre se manejó como una democracia donde cada uno opinaba e influía en el trabajo de todos los demás y porque también habían llegado a un punto al que casi todos los rockeros llegan, allí donde se rozan con Spinal Tap: Brian Wilson hizo llenar de arena un estudio y Anderson y Howe lo hicieron azulejar para ayudar a obtener la acústica de un baño. Sí, así como lo oyen: se fueron en el rastrojero hasta Blaisten y se cargaron metros y metros cuadrados de azulejos San Lorenzo: ¿Habrán hecho que Wakeman los coloque y por eso se calentó y se fue a la mierda? Vaya a saber.

El asunto es que Yes no dio concesiones y rompió el propio status quo: hasta Close to the Edge (Fragile incluido) hubo siempre al menos una o dos canciones que eran hits en potencia, de melodía irresistible y bien concreta (esta costumbre se retomaría inmediatamente, hasta cierto punto a partir de Relayer y de forma abierta en Going for the One). En TFTO esto se cortó y las grandes melodías había que desenterrarlas de los cuatro pasajes de veintipico de minutos cada uno. Si te tomás el trabajo por supuesto que están, ¡y en qué forma! Porque es un disco que necesita tiempo y trabajo de tu parte: si se los das, te aseguro que se convierte en EL disco de Yes. Y acá no resisto la tentación: Tales From Topographic Oceans es el Be Here Now de Yes. Y no lo digo por la extensión de las canciones sino porque captura de manera absoluta y brillante el alma de la banda. Si hay que salvar de un incendio un único disco de Yes para mostrar a la posteridad, ese es TFTO. Y de Oasis Be Here Now, por supuesto. La idea es que la posteridad tenga una idea acabada de lo que eran estos muchachos, no que escuchen “el mejor disco”. Ahora yo digo: el mejor disco es el que mejor documenta al grupo en su esencia. No me jodan más con Definitely Maybe.

Qué banda impresionante Yes, qué necesaria esta Picadas Residency: ¿Sabías que la mortadela de más alta calidad no tiene carne de caballo y que es simplemente cerdo? ¿Sabías que Phil Collins estuvo a punto de ser el baterista de Yes? Sí: es que ni bien comenzaron, allá por finales de los sesenta, los fue a ver al Marquee Club de Londres. Eran no más de 30 viendo el show y, al terminar, se puso a hablar con Jon Anderson. En la conversación surgió que necesitaban baterista y quedaron en que Phil lo llamaba para ir a audicionar en la semana. No sabe bien por qué Collins no hizo el llamado telefónico (por vago, perezoso y depresivo, probablemente) y así quedó en la nada. Lo que es la vida. ¿Sabías que en Argentina se liberó la faena de equinos en el año 1998 y que a partir de allí comenzó el rumor jamás comprobado de la existencia de carne de caballo en la mortadela? ¿Sabías que en el mismo estudio donde se estaba grabando Tales From Topographic Oceans estaba Black Sabbath grabando (en la sala contigua) Sabbath Bloody Sabbath y que Rick Wakeman, frustrado porque Howe y Anderson acaparaban todo el trabajo, se iba a jugar a los dardos con los degenerados de Ozzy y Cía. y que así terminó grabando en el tema Sabbra Cadabra?

Qué lindo Yes, qué linda la tapa de Roger Dean para TFTO que aún conservo gastadita de mis primeros años de loco del disquito, qué linda la mortadela italiana con pistachio de The Revealing Science of Picada. Un peronista menos, muy pronto. Eso también es lindo.