martes, 31 de agosto de 2010

ENTRE FANTASMAS


Bajo de un colectivo sin darme cuenta que había bajado, camino sin noción de los pies ni de las piernas ni de las prótesis, como si estuviera borracho. Podría llorar un poco, pero no recuerdo quién fui. En mi mano hay un libro y sobre el mismo un Certificado de Discapacidad que me acredita como fantasma: subo y bajo de los colectivos como atravesando paredes en una suerte de proyección de todo lo que jamás pude ser. Meto mi identidad en el bolsillo trasero: “you are nothing like them” me dicen, como si yo mismo me lo hubiese dicho en un imprevisto acto de auto-compasión. Se me escapa la vida como si el último estertor estuviese trotando hacia donde siempre está yendo, se me escurre lo que hubiese podido ser pensamiento y quedo desvalido en la intuición una vez más. Siento que tengo algo que contarme, por escrito (ya casi no oigo): pero nunca pareciese ser el momento.

Hace unos cuántos meses pensé que había perdido mi Certificado y, tan conciente de mi rol, fui a pedir un duplicado ese mismo día. Al regresar encontré en mi escritorio lo que pensé perdido y desde entonces tengo doble validación: una con el plastificado intacto y bien hecho, la otra ajada y de muy mal aspecto. Las dos me califican por igual y me condenan a la fantasmagoría pública. Mientras tanto, justo cuando bajaba del colectivo sin darme cuenta que había bajado, Joseph K me repreguntaba: “Where does your sensibility come from? You are nothing like them.” Fantasma que pregunta a fantasma que no responde porque ya no había mucho que agregar: los espectros se reconocen sin importar distancias espacio-temporales.

Las historias de las últimas horas me hablaron hoy, más que nunca, del absurdo serpentear de este derrotero que pareciera no tener fin: en él asomaron la cabeza todas mis razones, mis odios, mis entusiasmos pasados de moda, mis indecibles argumentos que no tengo. Todo estuvo más claro que nunca y lo que estuvo aún más claro es que, a cierta altura de los acontecimientos, resulta imposible expresar lo que sucede: a las puertas de lo que llaman locura… Salvo que un fantasma le diga a otro: “you are nothing like them.” Entonces uno sabe que todo lo inútil tuvo un cierre interno e intransferible, que el mayor de los logros resulta ser lo inexpugnable del secreto a ultranza.

Voy a hacer el esfuerzo pronto: inventaré los hechos y los ordenaré caprichosamente aquí, en una entrada que debiera durar todo lo que quede de flujo. Sin piedad con uno mismo, porque no la merecen.

Próximamente (otra vez)