jueves, 17 de junio de 2010

DIARIO DEL MUNDIAL VII


(El silencio es salud.)





(Jueves 17 de Junio de 2010)



Bocinazos, bocinazos se escucharon desde aquí arriba ni bien finalizado el encuentro entre Corea y Argentina. ¿Que qué Corea? La República a secas, tengo entendido. Bastante más tarde, bien pasado el mediodía ya, el Pollo Vignolo desde su relato de Francia vs. México dijo dos veces en cinco minutos algo así como “qué alegría nos dieron los muchachos argentinos hoy…” Aclaro antes de decir lo próximo que, más allá de lo que pueda llegar a decir por decir nomás, yo no “deshincho” por Argentina. Si bien por instinto a uno le queda el “reflejo del hincha” que se activa cuando pita el árbitro y comienza a rodar el balón, me resulta bastante indiferente el resultado final. Me encuentro a mí mismo, no más de un puñadito de veces por encuentro, incorporándome levemente de mi posición basal (sea ella cual fuere) murmurando cosas como “qué gol se comió este hijo de puta” (es decir un argentino) o “vamos chinito, pegale…” (es decir un coreano o asiático en general, uno del Asia profunda). Dicho esto que no aclara nada, vuelvo: “qué alegría nos dio la Argentina esta mañana, Fernando,” decía Vignolo. Y yo digo: ¿Qué idea de la alegría tiene este relator oxigenado cultor de la cama solar? ¿De la mano de esa alegría viene la felicidad? ¿Y el falso rubio es feliz simplemente porque “los mancebos argentinos” golearon a “los chinitos”? Si esas son sus alegrías ni me quiero imaginar sus tristezas… Tal vez se ponga muy mal porque en la tapita de la gaseosa (o del Koleston 2000) que desenroscó en el almuerzo le salió un “seguí participando.” Y lo repetía seguido, esto de “la alegría que nos dieron” y yo me pregunto: en el uso de la primera persona del plural: ¿A quién incluía? ¿Cuál era el alcance del giro idiomático al que recurría para expresar su despampanante alegría? ¿Dónde quedaba yo, como argentino? ¿Tenía que estar alegre, eufórico, exultante? ¿Debía bajar a la calle y tocar unas pocas veces la bocinita? ¿Cuántas veces?

Durante la transmisión del mismo partido que finalizó con un 2 a 0 a favor de los hijos de Chespirito (me saco el sombrero ante el Chavo del Ocho y Los Chifladitos), Fernando Niembro no perdió la oportunidad de mostrarse como el soretazo que es: hablaba de los problemas que algunos técnicos tenían con los periodistas y, como buen peronista hijo de una gran puta y justicialista madre, se mandaba una diatriba que apestaba a corporativismo barato. “Porque a los técnicos suele molestarle lo que decimos nosotros los periodistas, porque son muy tercos. ¿No recuerda usted técnicos tercos que no nos escuchaban repetir ciertas cosas? Técnicos en mundiales, le digo…” le decía el comentarista al relator mientras este último continuaba narrando las acciones del encuentro. El denunciante, entonces, continuaba: “¿No se acuerda, en el mundial pasado, que yo decía: ´ponelo, ponelo ahora… Ponelo al pibe…´” Y luego de una dramática pausa agregaba: “¡A la pulga!” “Y el técnico, terco, no lo ponía.” ¡Qué basura de tipo este reptil obeso! Cuatro años después, con el auxilio de la desmemoria general y de su don de mala gente, le enrostraba a un tipo serio y trabajador (un no-peronista), un tipo que como técnico fue respetuoso y respetado, formador de jóvenes deportistas de excelente nivel profesional y humano, ganador de innumerables títulos, respetado en cada lugar donde se desempeñó en funciones (hablo de José Néstor Pekerman), le reprochaba entonces Niembro el no haber puesto a Messi durante la última media hora del partido contra Alemania, transpolando con malicia la realidad actual de Messi a la de cuatro años atrás, cuando su proceso de crecimiento y consolidación como futbolista descollante ni siquiera había comenzado su etapa decisiva. En aquél entonces Messi ni siquiera era titular en el Barcelona. Cierto es que jugaba muy bien, pero no dejaban de mecharlo de a poco, cada vez un poco más. Y más cierto es que durante los minutos que jugó en el mundial pasado no resultó su aporte determinante, ni siquiera gravitante. Recuerdo perfectamente que casi nadie pedía vehementemente que pusieran a Messi, salvo un par de meses después de ese mundial, por supuesto, cuando el delincuente de Julio Grondona, para expiar cualquier tipo de responsabilidad, deslizaba que el hecho de que Messi no hubiese tenido más minutos de juego durante esa competencia había resultado decisivo para la eliminación de la Selección Argentina, selección que jugó estupendamente y que hizo un muy digno papel en Alemania 2006. Simplemente fue eliminada, sin merecerlo desde el juego, por el históricamente poderoso equipo local. Y el argentino sorete, cuando esto ocurre, busca un “culpable” y lo encuentra, claro, si para eso está diseñado.

Sorete peronista, cerrá un poco el ojete que sale olor feo.

Anoten en el ficsture, entonces: Argentina 4 Corea 1, Nigeria 1 Grecia 2 y Francia 0 México 2

Grecia no nos gana ni con 11 espartanos con doble ingesta de sopa negra y me parece que en los octavos de final México será el rival de estos muchachos que hoy nos dieron una alegría tremenda.

Apago el televisor.