domingo, 23 de mayo de 2010

MIRÁ QUIÉN HABLA... III (APÉNDICE)


Es el problema de "tener" facebook y usarlo sin saber bien cómo, por qué ni para qué. Uno se encuentra con comentarios del tipo que reproduzco aquí abajo; y lo hago porque viene al caso de la entrada sobre Ruíz Díaz Catupecu. Porque apenas horas después de esa entrada me topé con este escrito en facebook, la reflexión de un muchacho al que llaman periodista y que creo tuvo a su cargo la revista Inrockuptibles versión local, al menos en algún tiempo pasado. Y su escrito refleja perfectamente lo que yo quise decir como pude, al trote y a los ponchazos, en el comentario sobre la "denuncia" del Sr. Ruíz Díaz.

El escrito que abajo se reproduce es la típica denuncia artera e infundada a la "gestión Macri." No es de las mejor elaboradas pero tampoco es representativa de lo más estúpido de los discursitos anti-macristas que suelen asomar la cabeza en los comentarios virtuales a este tipo de nota y que se limitan al "eehhh... Macri hijo de puta facho de mierda, aguante el arte y el rock and roll..."

Trataré de comentar los puntos que me parecen más equivocados, aquellos que son básciamente falacias.

Si el PRO sigue clausurando lugares, ¿quiénes serán los rockeros de 3010?

Escribo esto a minutos de haber terminado el show multitudinario que encabezó Litto Nebbia en la avenida 9 de Julio como parte de la celebración del Bicentenario. Y me cayó la ficha. Estos tipos, más de cuarenta años atrás, inventaron un nuevo modo de escribir canciones en castellano. Canciones que compartieron o compusieron en lugares muy pequeños y tal vez infectos. Ya todos saben que La Cueva, sitio mítico en la fundación del rock argentino, era un sótano. Un sitio en el que no cabían más de cincuenta personas, tengo entendido. Los músicos apiñados sobre un escenario pequeñísimo (en el primer Prix D´ami, los primeros Cadillacs ni entraban en el espacio reducidísimo del escenario), con una sola escalera. Por donde subían y bajaban los asistentes. Toda la historia de los músicos de rock del país se ha cimentando (vaya paradoja) en tugurios, en pequeños bolichones, en cuevas. El rock y los topos siempre se llevaron bien.

Todo esto viene a cuento porque si bien en la avenida más ancha del mundo el Estado le daba lugar a las leyendas de una música popular como el rock, el otro Estado (el que encabeza el ingeniero Mauricio Macri) se empecina día a día en que no tengamos nuevos valores para celebrar dentro de cien años otra fecha patria y que den cuenta cómo era ser joven en 2010. ¿Cómo es esto? Clausurando fin de semana tras fin de semana pequeños espacios donde muchos músicos jóvenes y no tan jóvenes muestran sus variopintas propuestas musicales.

¿Qué política cultural, entonces, está detrás de los dos años y medio de gestión del gobierno de Macri? Si sólo se trata de prohibir, el rock siempre se embanderó detrás del “sólo se trata de vivir”. Y es hora de que los responsables tomen cartas en el asunto. Para distraídos están los que aún no saben que la avenida Santa Fé tiene doble mano en ciertos tramos. No sigan con la práctica de “Haciendo mierda Buenos Aires”.

Ya tuvimos que soportar el desastre que las políticas neoliberales desparramaron en la sociedad argentina en los años 90. Si clausurar es la única propuesta que tienen para solucionar el agujero que perpetraron en el tejido social esas políticas, estamos fritos. Usen la cabeza, que no sólo sirve para tener orejas en las que posar el teléfono celular más sofisticado. Escuchen los reclamos. Seguramente habrán escuchado en la discografía de Caetano Veloso (músico al que contrataron recientemente para que la gente lo vea de forma gratuita) una linda canción llamada É Proibido Proibir.

Lucha y resistencia, sentimiento incontrolable.

Gustavo Álvarez Núñez (vía Facebook)


Fin del escrito de Álvarez Núñez y comienzo del comentario al pie del mismo.



Como primera medida intentaré no transitar el terreno del contraste de apreciaciones respecto de lo que se llama rock nacional o de lo que G.A.N. marca como "unos tipos que inventaron un nuevo modo de escribir canciones en castellano." Porque justamente lo único que me molesta y quiero marcar porque no oigo a nadie que lo haga evitándome el trabajo, resulta ser algo mucho más importante que una musiquita cualquiera: tiene que ver con el impedimento que tiene este país para dejar sus miserias atrás y de una vez por todas transitar un camino que nos lleve a un sitio donde encontremos un bienestar común y una apreciable calidad de vida.

Lo que cualquier hombre grande debiera saber (y lo digo porque el autor del escrito de arriba es un hombre grande como lo soy yo: dejamos la secundaria y aún la universidad hace rato, me parece) es que hace cuarenta años tanto aquí como allí (con el allí me refiero a los enclaves geográficos donde ocurrió el rock and roll) los lugares donde se forjaban los nuevos talentos eran tugurios que no cumplían las condiciones de seguridad para los asistentes, condiciones que siendo respetadas reducen a un mínimo las posibilidades de que se desarrolle una desgracia o una tragedia a causa de un accidente o de la negligencia de alguno de los asistentes, sean ellos público o trabajadores. Y justamente esta precariedad de los lugares de reunión no es lo que permitió que esos talentos que se forjaban un desarrollo en el comienzo de sus carreras pudiesen madurar y emerger: el pensar a la precariedad de un edificio como razón de la existencia del arte o del desarrollo de un talento es un pensamiento que no resiste el menor análisis. Y es el pensamiento o idea que se desprende del primer párrafo del escrito.

Por otra parte, las sociedades verdaderamente progresistas que intentan por todos los medios darle lo mejor al conjunto de la población van adecuando las normas y los controles de los espacios públicos progresivamente y de acuerdo a las necesidades y particularidades de cada época. Si no visitá los "venues" (de los más chicos a los más grandes) de las ciudades centrales de los países serios y fijate si alguno es un tugurio que no cumpla con las normas de seguridad que rigen el funcionamiento de ese tipo de establecimiento, normas que por lo general están en concordancia con el sentido común de la gente que piensa no sólo en función de sus propios intereses sino del conjunto de la sociedad. Agrego por las dudas que por supuesto siempre van a existir los "tugurios" que están al margen de las normas vigentes, tugurios que eventualmente, en los estados que funcionan, serán clausurados hasta que se adapten a las normas que velan por la seguridad de los asistentes y la tranquilidad de sus familiares, amigos y conciudadanos.

Pero los "anti-macristas" (no quiero mencionar más al autor del escrito citado ya que de hacerlo pareciera que esto es un ataque en su contra, cosa que en verdad no es: simplemente parto de su artículo para darle forma a mi pensamiento), tan maniqueos ellos, salen con enorme facilidad a descalificar al "ingeniero" (¿Lo dirán despectivamente? ¿Hay algo malo en ser ingeniero?) y a tildarlo de "destructor de la cultura" o "facho al que le molesta la amenaza latente de los ´artistas´". ¿No resultaría el camino más corto, justo y adecuado el ir a patalear contra los dueños de los tugurios para que pongan en condiciones esos lugares adecuándolos a las normas vigentes? ¿No protestan en paralelo contra muchos de los dueños de esos lugares porque "les cobran para tocar"? ¿Qué es esa manía argentina de victimizar al infractor y atacar al administrador de turno que trabaja simplemente custodiando al conjunto social controlando el cumplimiento de las normas? Aquí los artistas de rock malgastan demasiada libido en atacar a su "enemigo ideológico" (fantasma que ellos mismos se crean y que pretenden que el conjunto de la sociedad lo tome como enemigo propio) desviándola del lugar del cual se supone no podrían desviarla: la necesidad creativa que todo verdadero artista tiene y que no se detiene porque "están clausurando los espacios." Lloran, lloran reclamando más teta estatal, desde mi modo de ver las cosas tienen más de sindicalistas que de artistas. Que mamá estado sacame a este enemigo del arte de ahí que me clausura tugurios infectos, que mamá estado sacame la ley esta, que sacame la ley otra, que dame un subsidio a mi don de la creación, que dame esto que dame lo otro. Déjense de joder de una buena vez, por favor. Grow up!

"Todo esto viene a cuento porque si bien en la avenida más ancha del mundo el Estado le daba lugar a las leyendas de una música popular como el rock, el otro Estado (el que encabeza el ingeniero Mauricio Macri) se empecina día a día en que no tengamos nuevos valores para celebrar dentro de cien años otra fecha patria y que den cuenta cómo era ser joven en 2010." Observemos la injustificable y adolescente inquina en contra de Macri: a su gobierno se lo marca como "el otro Estado", el estado malo, el perverso, el corrupto, el orwelliano, separándolo así maniqueamente del Estado Nacional, el bueno, el libertario, el respetuoso, el que nos dice a todo que sí porque, en verdad, le importa un carajo todo a excepción de adoctrinarnos en su absurda idea del progreso y del bienestar. Es propio del comportamiento de un infante caprichoso y estúpido, es la concepción precaria que tienen de vivir en sociedad: "loco, ayer clausuraron ´la nueva cuevita´ por dos luces de emergencia y una escalera, qué fachos hijos de puta, si vamos todos los fines de semana y no pasa nada, ¿qué puede pasar de malo, loco, si apenas vamos a tocar la guitarrita y no jodemos a nadie?" Esa es más o menos la idea. El argentino no crece, tiene quince de por vida.

"...El otro Estado (el que encabeza el ingeniero Mauricio Macri) se empecina día a día en que no tengamos nuevos valores para celebrar dentro de cien años otra fecha patria y que den cuenta cómo era ser joven en 2010." Perdón que repita parte de la cita, pero esto es otro razonamiento falaz ligado al del primer párrafo: ¿"La ola de clausuras macristas" impide el desarrollo de talentos artísticos de cuajo, los aborta? De ser esto cierto yo diría que en los "talentos obturados" habría apenas adolescentes ínfulas artísticas y no verdadero talento en busca de su cauce y desarrollo. Porque si me van a malograr porque me clausuren uno, diez o mil boliches, estamos fritos. Y aquí, porque soy malo, me dentengo en un doble error de cálculo del autor del escrito. Primero dice que con esta "política" ("fachista") no vamos a tener nuevos valores para celebrar el tricentenario, artistas que "darían cuenta de cómo era ser jóven en 2010." Es decir: los que hoy seguirán el rumbo artístico (siempre y cuando destituyan a Macri) tocarán en el tricentenario, con más o menos 120 años de edad. Está bien: en Argentina a esa edad calendario todavía se es considerado un joven (sobre todo si sos "artista" y no ingeniero); y se actúa y piensa como un infante medio tonto. Luego me remito al título del escrito: "Si el PRO sigue clausurando lugares, ¿quiénes serán los rockeros de 3010?" En el titular sumaste mil años al año que corre, y no cien. Yo sólo espero que dentro de mil años la musiquita de rock no exista; ni los gobiernos populistas que la utilicen como moderna medicación social junto al fútbol (pastillita para los que no se cultivaron intelectualmente como los artistas e intelectuales en general.)

"¿Qué política cultural, entonces, está detrás de los dos años y medio de gestión del gobierno de Macri? Si sólo se trata de prohibir, el rock siempre se embanderó detrás del “sólo se trata de vivir.” Ven en cada cosa un fantasma conspirativo y lo confunden todo, digo yo ahora fuera de esas comillas. La política cultural es una cosa que nada tiene que ver con la política comunal que regula el funcionamiento de los locales comerciales todos: de las mercerías, de los bares, las fondas y los lugares donde se desarrollan espectáculos públicos. Creer que detrás del simple cumplimiento de las normas de funcionamiento de un local comercial de cualquier tipo hay una "idea macabra que lo único que intenta es la prohibición del desarrollo del talento artístico que naturalmente se opone y combate a esta amenaza derechista que nos quiere acallar y hacer vivir peor" es un pensamiento tan imbécil que me subleva y me llama a silencio. Por este párrafo.

"Y es hora de que los responsables tomen cartas en el asunto. Para distraídos están los que aún no saben que la avenida Santa Fé tiene doble mano en ciertos tramos. No sigan con la práctica de ´Haciendo mierda Buenos Aires´". Y aquí está el sistematizado ataque a una administración estatal que no coincide con su "ideología": tomá cartas en el asunto por el lado que corresponde, es decir por el llamado de atención a quien está incumpliendo con las condiciones que vos necesitás para desarrollar tu tarea (que por ser "artística" no es DE NINGUNA MANERA más importante que la del comerciante que puso una casa de pantuflas y va a laburar todos los días de lunes a sábado: él también tiene que tener el matafueguito y esto y aquello y lo otro). Acá los enfermos de cáncer reclaman porque quieren medicación para la neumonía. Y para cerrar el párrafo observen lo que revela el sistematizado ataque del que hablaba unas líneas arriba: se queja del cambio de mano de una avenida, o de la implementación de una doble mano. ¿Desde dónde censura esa medida? ¿Estudió este muchacho planeamiento urbano? ¿Es un experto en tránsito? ¿Anduvo pensando acerca del flujo de tránsito en Barrio Norte y descurbrió que Santa Fe necesita ser mano única como los últimos años? ¿O simplemente responde al estúpido mandato de "ehh... Macri facho hijo de puta..."? ¿Por qué no calla y deja que una administración trabaje, aún cuando el tiempo pueda demostrar -o no- que tuvo más errores que aciertos? Está claro que los embanderados del anti-fachismo son más fachistas que el Papa (esta oración respondió a las órdenes del ritmo de la prosa, más al cómo que al qué; aunque nunca se sabe).

"Ya tuvimos que soportar el desastre que las políticas neoliberales desparramaron en la sociedad argentina en los años 90. Si clausurar es la única propuesta que tienen para solucionar el agujero que perpetraron en el tejido social esas políticas, estamos fritos. Usen la cabeza, que no sólo sirve para tener orejas en las que posar el teléfono celular más sofisticado." Este muchacho se supera línea a línea, fiel representante de esta estupidez "anti-drechista" que inunda las calles con sus infundados y anacrónicos berrinches. La muletilla de "los años noventa" como causante de todas las desgracias de la bicentenaria Nación Argentina es otro razonamiento insostenible. Y facilista. Y estúpido. Y maniqueo. Y parcial. Y malintencionado. Y malicioso. Y dañino. Y auto-condescendiente. E irresponsable. Dios mío: ¿qué carajo estaban haciendo en los noventa si es que el demonio nos estaba gobernando y llevando hacia el agujero más profundo y renegrido? ¿Cómo no reaccionaron a tiempo? ¿Cómo no llevaron adelante la revolución armada? "Usen la cabeza", pide el cabezón. ¿Y por casa cómo andamos? ¿Para cuándo? ¿Nos tomamos el finde y comenzamos el lunes? Me evito comentarios de la figura del teléfono celular sofisticiado, el colmo de la estupidez si de "denuncia clasista" hablamos.

Por último digo que la manipulación de la letra de la canción de Caetano Veloso É Proibido Proibir es artera, como casi todo en ese escrito, ya que en nada tiene que ver el contendio de dicha canción con el pensamiento vertido en el escrito citado aquí por mí: Caetano está lejos de insinuar en esa letra que el camino sea slatear el cumplimiento de las normas en pos de satisfacer mis caprichos personales, ni habla de imponer el interés de un grupo por sobre el general siendo esto un vicio tan común en los "artistas" locales que ven fantasmas censores en cualquier cosa que escape a su sesgada visión del mundo.

"Lucha y resistencia, sentimiento incontrolable." Che, acordate que el miércoles tenemos prueba de Química... Qué garrón...

¡Que si qué!