domingo, 4 de abril de 2010

ANÍBAL CHUCO PITRÓILO


Pero si siempre estoy volviendo...

Qué desgracia esto de ser el Patrón Bermúdez de uno mismo: no podés parar la pelota veinte Díaz Lastra que se te viene el mundito encima. Ahora hay que retomarlo todo y ponerlo al día, subir las entradas de novedades que no fueron y demás cosas, repartir grageitas y tratar de cobrar para así poder pagar, maldita rueda shakespeareana. Por tanto les ruego me tengan paciencia: durante esta semana espero poder visitarlos a todos. O casi.

Estoy escuchando, en el mientras tanto, el disco cabecera de los diez que van en la entrega de audio del mes de abril, álbum que no voy a nombrar porque de hacerlo no tiene gracia. Sí puedo decir que vi al grupo en cuestión al comienzo de mis vacaciones, tocando en vivo, y que resultó una experiencia extrañísima que me hablaba todo el tiempo de mí mismo y del sinsentido de los últimos veinte años de mi vida. Yo toqué esa noche en el viejo Hammersmith Palais (hoy HMV Forum gracias a la obra y mal gusto de los Sponsors como único medio de salvar al mundo de la debacle económica: ¿por qué mierda no aparece uno personal así me paga el alquiler, las expensas y mis gustitos de rarito, por qué no viene y me compra Fiorucci, la puta madre?), y toqué como el ojete, es decir grandiosamente: épica del naufragio.

De a poquito, entonces, nos iremos enterando aquí de las buenas y malas nuevas que El Oasis tiene preparadas y no tanto. Esto es una entrada en calor, apenas: a duras penas.

Que haiga paz.


("Yo no soy músico, yo soy tanguero. ¿Te imaginás a mí tocando la flauta?" El Gordo Triste)