jueves, 28 de enero de 2010

NEGRIL, JAMAICA


Sí, ya es una costumbre esto de obligarme a escribir una entrada a partir de un comprosimo público como este. Es que si no, nada: soy el disquero inerte que abre su cabeza todas las mañanas un poco más para que todos nos escuchemos un poco menos.

Es que hoy me volvió la obsesión por el Calypso: hubo un tiempo en que fui hermoso y fui libre de verdad, guardaba todos mis sueños en castillos de cristal y ponía esta música de negros por la mañana y no paraba de escucharla de coté hasta la tardecita cuando el hastío devenido en náuseas me hacía sacar el disco que estuviese girando en ese momento. Pero ese malestar me sorprendía súbitamente, no es que fuera yo un masoquista del Caribe. Es como que en un momento, entre la hora séptima y la octava de escucha de esta música, todo se volvía insoportable, redepente; pero hasta ese instante era maravilloso.

Así fue más o menos un viaje que hice a Jamaica hace unos años. Y a partir del retorno del Calypso a La Cabeza ocurrido hoy es que se me hizo buena (mera ilusión) la idea de recordar un par de cosas de esa experiencia en el ejercicio de la escritura bartolera característica de este espacio virtual que espero Macri clausure un día de estos, por el bien de todos.

Por lo pronto mañana intentaré colgar los habituales e inútiles comentarios de naderías discográficas y, algunas cuantas (¿cuántas?) horas más tarde, las aventuras de El Oasis en Jamaica cruzando la isla junto a Shaggy, Movie Star and Cab Driver. Un encantador viajecito al infierno caribeño gracias a las millas acumuladas y su canje por un pasaje gratuito.

A più tardi.

Il Dottore.