sábado, 24 de octubre de 2009

EL OASIS CALIDAD DE VIDA


En este nuevo espacio y de vez en cuando revelaremos un secreto pasaje a la felicidad, ese estado inasible e inefable que no puede registrarse mientras sucede si es que alguna vez en verdad ocurre. Luego, la memoria de la felicidad es apenas otro arbitrio inconducente que nos aleja un poco más de la resolución del enigma.

Es así entonces que El Oasis, cuando en un ratpo de locura y estupidez supremas decida encontrar un posible conductor de esa electricidad a la que todos aspiramos pero que ni el propio Borges logró experimentar, lo comentará en esta novel sección. Y no pedirá nada a cambio, por supuesto.

Inauguremos nomás.

Desde las ya olvidadas Kes-Bun, pequeños bizcochos fritos de fuerte sabor a queso (queso de rallar que se le decía en la infancia, el queso duro, ese que era casi un lujo asiático, ese que estaba terminantemente prohibido comer por sí solo: apenas unos granulitos sobre los fideos, sin abusar que a la mesa somos varios y tiene que alcanzar para todos), que las papilas gustativas no se inflamaban de placer del modo en que hoy lo hacen con estos palitos fritos nuevos, de marca Pep, línea gourmet, sabor fugazzeta gratinada. Sí, son una bomba nuclear y no es posible convidar: no por egoísmo, aclaro, sino porque la locura que provocan hace que sólo podamos meter y sacar los deditos de la bolsita, y de la bolsita a la boca y de la boca a la bolsita, y falanges engrasadas y qué me importa si todavía no hay que cambiar el disco. Un infierno, no se los pueden perder.